Una investigación dirigida por Jeffrey M. Burns, de la Universidad de Kansas, determinó que la práctica de ejercicio físico previene el avance del Alzheimer en los primeros estadios de este trastorno.
Recientemente publicada en la revista Neurology, el estudio analizó una muestra de 121 personas mayores de 60 años: un total de 57 individuos padecían un Alzheimer incipiente, mientras que el resto no tenía ningún tipo de demencia.
Los autores explicaron que las personas que estaban en peor forma física en los primeros estadios del Alzheimer tenían cuatro veces más deterioro cerebral que los participantes en forma o que no tenían demencia.
Para comenzar, todos los participantes debieron comprobar su función cardiovascular en una cinta andadora y se sometieron a una prueba de imagen para evaluar el volumen de su cerebro y las cantidades de materia blanca y gris que poseían.
"Las personas con un Alzheimer incipiente podrían preservar su función cerebral durante más tiempo si practicaran ejercicio regularmente. Las evidencias muestran que un menor volumen cerebral está ligado a una peor capacidad cognitiva, por lo que preservar el volumen cerebral a través del ejercicio podría traducirse en mejores habilidades cognitivas", detallaron.
Igualmente, los investigadores reconocieron que se necesitan nuevos trabajos que ratifiquen sus conclusiones, ya que no han podido desvelar el mecanismo que está detrás de esta relación beneficiosa. "Existen al menos tres explicaciones plausibles: que el ejercicio modere la atrofia cerebral asociada al Alzheimer, que sea el propio trastorno el que intervenga en la forma física del paciente afectado o que exista un factor común subyacente que influya en ambas cosas”.
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