El principal motivo es “el abandono de los hábitos que uno va adquiriendo durante el año”, explica el doctor Alber Lecube. En consecuencia, se aumenta la ingesta de alcohol y el abuso de grasas y dulces. “Tampoco pasa nada porque se ganen unos kilos de peso. No hay que poner el grito en el cielo, pero cuando el verano se acaba se deben acabar los excesos”.
