Fruto de la actinidia, árbol de la familia de las Actinidiáceas. Su piel de color marrón oscuro encierra una pulpa verde y jugosa, de sabor ácido muy agradable.
La historia del Kiwi se remonta miles de años atrás a China, donde crecían en forma silvestre. Fue hace aproximadamente 300 años cuando los chinos empezaron a cultivar esta fruta.
A principios de 1900, la semilla del Kiwi fue llevada a Nueva Zelanda y allí se desarrollaron técnicas para producir el Kiwi de ahora: un fruto grande y de mejor sabor, que fue rebautizado con este nombre.
Antes de la Segunda Guerra Mundial, el Kiwi era una fruta desconocida fuera de Nueva Zelanda. Sin embargo, a mediados de los 40, el Kiwi comenzó a ingresar al mercado mundial como una especialidad ´gourmet´. Eventualmente, fue creciendo la popularidad de los Kiwis entre los agricultores y en 1960 comenzaron a cultivarse en California.
El kiwi aporta una cantidad moderada de hidratos de carbono en forma de azúcares. También contiene fibra, fundamentalmente de tipo insoluble que lo convierte en un alimento recomendable en caso de estreñimiento.
En cuanto a la composición vitamínica cabe destacar la elevada cantidad de vitamina C. Además del ácido ascórbico, están presentes otras vitaminas y minerales en este alimento aunque en proporciones inferiores.
El kiwi, contiene miosmina, un alcaloide del tabaco, que puede estar presente en otras fuentes como cereales, frutas, verduras…Algunos estudios han sugerido que este compuesto puede tener un papel beneficioso en el adenocarcinoma esofagal.
En la piel del kiwi inmaduro se han aislado fitoalexinas triterpénicas como el ácido actinídico. Las fitoalexinas son sustancias producidas por las plantas como consecuencia del ataque de microorganismos que exhiben una alta actividad antibiótica contra patógenos de las plantas.
Recientes estudios sugieren que extractos obtenidos del kiwi mediante hexano, acetona y metanol, presentan actividad citotóxica, que se debe a la presencia de ciertos compuestos todavía no identificados.
Es posible que los supuestos efectos beneficiosos para la salud de este alimento estén relacionadas con sus propiedades antioxidantes, atribuibles no sólo a la vitamina C sino también a la existencia de otros sustancias bioactivas, que evitan el daño en el DNA inducido por el peróxido de hidrógeno, previniendo así el desarrollo de algunas enfermedades como el cáncer.
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