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Evaluación antropométrica en niños escolares de 11 y 12 años de la ciudad de Gualeguay

Autor: Lucio F. Bur - 1/4/2010 - 13852 lecturas.
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Introducción
El transcurso inexorable de la historia traza caminos que difícilmente se puedan desviar de su inequívoco destino, la marcha pausada, lenta pero constante, ha implicado que en la humanidad se produzcan conductas y comportamientos humanos que poco tienen que ver con la salud: la desforestación, el calentamiento global, las enfermedades no transmisibles. Todos estos fenómenos son signo de nuestro tiempo y paradójicamente conviven con la extraordinaria evolución de las ciencias, en todas y cada una de las especialidades en manos del hombre contemporáneo, quien además de poseer la capacidad de reinventarse a cada paso y en todo momento que se lo proponga.
Estos adelantos científicos, que se configuran a velocidades inimaginables hace algunos años, tienen ramificaciones en aspectos que nos interesan en particular: los alimentos (por ende la alimentación), las indumentarias y expresiones deportivas (deportes, actividades, elementos usados en la práctica), el avance tecnológico y el uso del tiempo libre.
 
Al respecto nos preguntamos: ¿tendrán influencia estos avances tecnológicos en nuestra población de estudio?, ¿se demostrará una correlación (se hace más actividad física, se cuida más la alimentación) al respecto? si influyen, ¿de qué manera lo hacen? Sobre este respecto, el análisis depende de una mirada particular, caracterizada por la influencia y/o parcialidad del observador de los procesos. Los defensores y estudiosos de la salud pueden tener una mirada diferente de la que tienen los empresarios de comidas rápidas, o los agentes y productores de bebidas deportivas y hasta de la que tienen quienes confeccionan el calzado deportivo y sus accesorios, de los fabricantes de TV, PC, los juegos virtuales, etc.
 
Nuestra población está inmersa en esta vorágine social y económica de la globalización, que influye en los detalles que mencionamos con anterioridad, en las variables que ponemos en consideración del exhaustivo e intrincado juego de deducir correlaciones y entrampar conclusiones derivadas de las estadísticas.
Es así que, procederemos a dilucidar, al menos trataremos, esta parte del proceso iniciado en 2005. ¿Que nos dicen las variables de nuestro estudio longitudinal?, peso, talla, índice de masa corporal, actividad física, sedentarismo, nivel de instrucción de los padres de los niños estudiados y nivel socio económico.
Como eje principal decimos que la obesidad (O) es definida por la OMS como “La enfermedad caracterizada por el aumento del tejido graso corporal, cuya magnitud y distribución afectan la salud del individuo, y que la mayoría de las veces se acompaña de aumento del peso”. Esta enfermedad, entonces, tiene como característica principal el exceso de adiposidad.
 
En la actualidad la obesidad es considerada un severo estado patológico en general, y especialmente para la célula miocárdica. Por ello, el paciente obeso no constituye un simple problema estético sino un verdadero enjambre de enfermedades, sin contar la pesada carga psicológica que ejerce la presión social sobre este tipo de pacientes.
 
Ya hemos expresado que la obesidad infantil, constituye un problema creciente de salud pública en el ámbito mundial y se asocia a alteraciones metabólicas (dislipidemias, intolerancia a la glucosa, hiperinsulinemia e hipertensión arterial), transformándose en un factor de riesgo importante de morbimortalidad por enfermedad cardiovascular en la vida adulta. Diversos estudios epidemiológicos han mostrado que la relación entre la adiposidad y el riesgo de enfermedades crónicas comienza tempranamente en la vida.
Por otra parte, el sedentarismo no es solamente la falta de actividad física, es la quietud con que se desarrollan algunas actividades y el impacto metabólico que este tipo de conductas tiene si son habituales y se mantienen a lo largo del tiempo.
También, seguimos señalando que la producción industrial de alimentos ha permitido que el planeta llegue a la disponibilidad plena, sin embargo, coexisten con 880 millones de desnutridos (registrados por FAO). La problemática actual no se da por falta de alimentos, sino porque para una parte de la población estos alimentos no son accesibles.
Comienza a revertirse en la actualidad la tendencia según la cual los ricos eran gordos y los pobres flacos, y la obesidad de los pobres (numéricamente mayor y cualitativamente más grave), comienza a ganar terreno, sin olvidar que la desnutrición, lejos de desaparecer, tiene afianzados parámetros respetables en forma cuantitativa.
Decimos que en una sociedad en la cual el culto al cuerpo lo es todo, donde no se perdona la imperfección y en la que los tratamientos están al alcance de todos mediante cómodas fórmulas de financiación, los trastornos de la alimentación siguen presentes, motivados, en los casos más extremos, por un deseo obsesivo por la delgadez. La silueta es sinónimo de belleza y de éxito. Los modelos escuálidos de estrellas de cine, TV, música, etc. se han convertido en el grito de guerra de muchos adolescentes convencidos de que, lejos de estar enfermos, la anorexia y la bulimia les hacen un bien. Aprovechando Internet, intercambian su discurso enfermo, peligroso y dañino, con toda impunidad.
El problema de estos trastornos del comportamiento alimentario es que las consecuencias psicológicas, fisiológicas y psicosociales los mantienen y los agravan.
Al respecto, señalamos que diversos estudios registran que un alto porcentaje de la atención médica se utiliza en la asistencia de las tres últimas semanas de vida (en determinados sectores llega al 50% del presupuesto), en detrimento de medidas preventivas sobre las personas o el ambiente, las cuales tendrían un impacto mucho mayor en la reducción de la mortalidad de la población.
Apostamos finalmente, a que los resultados del presente estudio muestren que algunos indicadores antropométricos puedan ser usados como predictores de enfermedades no transmisibles de niños, adolescentes y adultos.
 
 
Población, material y métodos
 
 
Población: se testearon las mismas escuelas, más las de EGB 3 (actualmente llamadas ESB) que no poseen educación primaria (cuatro) y grupos de niños evaluados entre los años 2005 y 2007. Se los pesó y midió en la misma época del año, respetando características y reproduciendo las condiciones en las que tuvieron lugar las precedentes. En ese año se evaluaron un 934 alumnos (444 niños y 490 niñas, esto significa que se han testeado 3.351 niños entre 2005 y 2008) comprendidos entre 10 años 6 meses a 12 años 5 meses y 29 días, de 18 escuelas de nuestro medio.
Se continuó estudiando a la población que describimos en años anteriores, a estas se les adicionó el siguiente detalle: una parte importante de los niños cursaban sus estudios en Educación General Básica (EGB 3). En algunos establecimientos educacionales primarios se llegaba hasta EGB 2, por lo que, los egresados de este último eslabón debieron migrar de sus escuelas de origen para continuar sus estudios. Se estima una mínima deserción debido a este traspaso, lo que quedó registrado en el total de la población respecto de 2007. Se trabajó en 17 escuelas públicas y 1 escuela pública de gestión privada de EGB 2 y 3 dependientes del Consejo General de Educación de la Provincia de Entre Ríos. Se comenzó la investigación, previa conformidad de la Supervisión Departamental de Educación y de los equipos de conducción de los establecimientos involucrados. Se realizaron evaluaciones durante el periodo lectivo 2008. Como es costumbre, se tuvo el consentimiento por escrito de los padres para la toma de datos.
 
Se evaluaron las siguientes variables
 
Peso: el peso corporal se realizó utilizando una balanza de palanca con precisión de 100 G., registrándose el peso en Kg. con aproximación del 0.1 Kg. superior. Los estudiantes se presentaron con ropa liviana. A cada alumno se lo pesó una vez, y cada 10 niños se niveló y calibró la balanza (marca Roma Nº de serie 7228, Modelo BPP, Código de Aprobación BP 20-714).
 
 
Talla: se utilizó cinta métrica metálica graduada en centímetros y décimas de centímetro, y un plano para ser utilizado horizontalmente sobre la cabeza. Los alumnos se midieron respetando el plano de Frankfurt, se realizó una medición en apnea inspiratoria profunda y se registró la talla en cm. con aproximación del 0.1 cm. superior.
 
Actividad Física: los alumnos de EGB 2 reciben 2 clases semanales de Educación Física escolar de aproximadamente 40 minutos cada una, los alumnos de EGB 3 (ESB) dos clases semanales de 60 minutos cada una. Se indagó entonces, sobre la actividad física en el tiempo libre del alumno, es decir por fuera de las clases de Educación Física, a partir del cual se determinaron los activos y los sedentarios.
 
Activos (A): se definió de esta manera a aquellos niños que desarrollan actividad orgánica que deriva en gasto energético y con cierto proceso sistemático. De acuerdo a lo cuestionado, estas actividades las realizan de dos a tres veces por semana y alrededor de una o más horas cada estímulo, en algunos casos estas actividades se ven ejecutadas además durante los fines de semana en los que tienen lugar las competencias y encuentros deportivos recreativos.
 
Sedentarios (S): son los comprendidos entre quienes no llevan a cabo ningún tipo de actividad física que derive en gasto energético. Aclarando este aspecto nos remitimos a lo descrito con anterioridad: el sedentarismo está determinado por la quietud o no con que se desarrollan las actividades, si tienen impacto metabólico y si se extienden y perduran en el tiempo como para resguardar esos impactos. Las clases sistemáticas de Educación Física escolar no son tomadas en cuenta.
 
Índice de Masa Corporal o de Quetelet: (IMC) (peso/talla) es el método utilizado para la determinación de los niños normales, con sobrepeso u obesidad. Se insiste con este parámetro ya que el aumento del IMC es el único parámetro diagnosticado, consensuado internacionalmente y el más utilizado para determinar O en niños.
 
Bajo Peso (BP): se define con esta variable a aquellos niños que estuvieron por debajo del percentilo 3 de las tablas de la Sociedad Argentina de Pediatría en cuanto a la talla para la edad. También se los denomina con el síndrome de desnutrición crónica.
 
Los datos obtenidos fueron volcados en una planilla de registro de datos y hoja de cálculo (Microsoft Excel) donde se asentó lo siguiente: Nº del alumno, peso, talla, índice de masa corporal (en base a este parámetro si es normal, sobrepeso u obeso), si se lo considera activo o sedentario, deporte o actividad física que realiza, tiempo que le dedica a la actividad física, si concurre a Educación Física escolar, si trabaja la madre, el padre, el nivel de instrucción de los mismos y sus profesiones. Se realizaron gráficos con el mismo programa y tablas con Microsoft Word.
La toma de los datos para el trabajo de investigación se realizó en las propias escuelas a las que concurren los niños, se requirieron 64 planillas de registro de datos, 4 planillas de resumen general de acuerdo al sexo y edad. Se entregaron 1.500 autorizaciones, se utilizó una resma papel A4, tres cartuchos de tinta color y dos de tinta negro compatibles con impresora Epson Stylus CX3900, 25 CD para facilitarles copias del informe final a las autoridades educativas y a las escuelas intervinientes. El equipo de investigación está formado únicamente por el autor del proyecto y fue realizado durante el período lectivo 2008.
Esta cuarta edición de la investigación respeta los parámetros utilizados en las producciones anteriores. Diseños de cuantificación y correlación, con análisis prospectivo, longitudinal y observacional.
 
Resultados
 
Al realizar la sumatoria de los subgrupos estudiados y distribución, nos encontramos que el 47,54% corresponde a niños y el 52,46 a las niñas de un total de 934 alumnos en este 2008. La distribución la podemos graficar de la siguiente manera.
 
 
 
Hace cuatro años ya que este trabajo ha centrado sus objetivos en descubrir estados nutricionales, deportivos, y en definitiva de salud y correctos hábitos mediante datos antropométricos y encuestas, tratando de relacionarlos entre sí para arribar a conclusiones que nos sirvan de soporte científico y para tener plena ubicación desde dónde venimos y hacia dónde vamos en la materia que nos ocupa.
Seguimos utilizando las tablas de referencia de la SAP, sobre IMC para determinar normopeso (NP), sobrepeso (SP) y obesidad (O). En el caso del bajo peso (BP) esto ya se describió con anterioridad. Entre los objetivos que nos proponemos a largo plazo está el de producir curvas de crecimiento, tanto en peso, talla como IMC.
Disponer de las curvas de percentilos de IMC, diferenciados por sexo es de gran utilidad ya que permite:
  • Seguir, a nivel individual, la evolución del paciente pediátrico a lo largo de todo su crecimiento y desarrollo.
  • Detectar aumentos de IMC que signifiquen riesgo de O.
  • Seguir longitudinalmente al paciente con SP u O, teniendo un parámetro fiel de su evolución, tomando en cuenta los cambios atribuibles a la edad y el desarrollo.
  • Establecer y comparar datos poblacionales y tener un parámetro único para las investigaciones y las publicaciones.
 
 
Los resultados hallados en relación al objeto de nuestro estudio sobre las variables relacionadas con el IMC y talla para la edad, son los siguientes:
 
 
De acuerdo a los resultados del período estudiado, en comparación con el anterior, a simple vista se avizora un descenso en los niveles de SP, O y BP, a favor de los NP en general. Particularizando la visión analítica. Entre lo más destacado, diremos que:
 
Niñas de 11 años: el descenso en todas las categorizaciones problemáticas incrementa el nivel de las NP en casi 10 puntos.
Niñas de 12 años: bajan los niveles de SP y O, sube 0,4 % BP y 6 puntos NP. Están casi equiparados O y BP.
Niños de 11 años: los NP suben hasta 6 puntos en referencia al año 2007, la consecuencia directa es la marcada diferencia entre los SP que de tener un 22% pasaron al 17%, 5 puntos de diferencia nada más que en esta subcategoría.
Niños de 12 años: los niños de 12 años experimentaron un declive en O, pero subió el mismo valor porcentual en la categoría de SP, es decir, los O del año anterior ahora pasaron a ser SP. Es en el único grupo donde los NP se mantienen estables.
 
Debemos hablar concretamente de ciertas cuantificaciones que nos preocupan en gran medida, la desnutrición sigue en sus valores habituales, realmente los cambios son casi insignificantes. Recordemos que estamos hablando de una franja sumamente estrecha de la población, pero que, tal como hemos dicho, las consecuencias son determinantes y que la falta de desarrollo intelectual e inferioridad de acondicionamiento para el futuro en todos sus aspectos, son sus manifestaciones irrefutables. Como es posible predecir, la mayor cantidad de BP se halló en los NSE bajos e inferiores.
De todos modos, los resultados siguen mostrando una prevalencia importante de exceso de peso, la que coexiste con formas de desnutrición crónica de tipo moderado (Talla baja).
 
Se han identificado tres periodos críticos para el desarrollo del exceso de peso:
1.       Desde el periodo prenatal hasta el primer año de vida. Durante la gestación, el aumento del peso del feto y/o madre por encima de lo esperado.
2.       El “rebote adipositario”: ocurre entre los 5 y 7 años de edad. Aumenta la grasa corporal total y por lo tanto el IMC. Lo más frecuente es que se produzca a los 51/2 ó 6 años y el cambio es notorio, por eso muchos padres refieren que su hijo “comenzó a engordar al inicio de la escuela primaria”. Si el rebote se produce antes de los 5 años, el pronóstico de O a largo plazo es peor.
3.       La pubertad es un momento de mayor vulnerabilidad para el desarrollo de la O y suele ser una preocupación tanto de los padres como de los niños. Antes del desarrollo puberal, los niños de ambos sexos acumulan grasa en el tronco y luego, en plena pubertad, la IR (insulinorresistencia) fisiológica puede acentuarse y determinar aumento de peso exagerado, especialmente en individuos predispuestos.
 
 
El nivel socioeconómico (NSE) tiende a jugar un papel preponderante en estas situaciones, dijimos con anterioridad que muchos niños habían cambiado de escuelas por el advenimiento de la EGB 3 en sus estudios. Es por este motivo que de acuerdo a los fraccionamientos establecidos en 2006 y 2007, en referencia al NSE, tomamos como actual lo que descubrimos en estos años anteriores, los NSE no cambian de un año a otro en la Argentina, y posiblemente en menor medida en los tiempos que transcurren.
 
De acuerdo con estas variables (exceso de peso y NSE), el análisis que se efectúa es el de Chi cuadrado, el cual es un análisis que se adapta a los valores que tenemos, se plantea la hipótesis de que las variables son independientes y se contrastan con los valores que da la distribución para la cantidad de grados de libertad con que se trabaja.
El valor de Χ2  da 27,73, y la distribución dice que para esta cantidad de grados de libertad, con los niveles de confianza de 90%, para rechazar la hipótesis de que las variables son independientes, el valor es de 7,779, para un 95% de confianza es 9,488, para un 99% es de 13,277, y finalmente para un 99,9% de confianza es de 18,465. Todos estos valores son superados ampliamente por el valor dado por Chi cuadrado, por lo que sólo existe menos de un1% de probabilidad de que las variables sean independientes, por consiguiente concluimos con un altísimo nivel de confianza, que las variables están relacionadas entre sí, lo que quiere decir que normo peso, exceso de peso y desnutrición están relacionadas con el NSE. En el NSE medio se observa que el 67,8% es normo peso, el 28,9 exceso de peso y el 3,3 desnutrición. Para el caso de NSE bajo da lo siguiente: el 74,17% normo peso el 19,83 exceso de peso y el 6% desnutrición.
 
Actividad física y sedentarismo es otro apartado al que daremos importante análisis, teniendo en cuenta las descripciones que acarreamos en la historia local, y pensando que todas y cada una de las recomendaciones que diariamente acentúan el convencimiento de lo beneficioso de la práctica deportiva, ya sea desde los canales de TV, radio, internet, como expresamos las industrias de la indumentaria y sus derivados y hasta de las empresas de alimentos, bebidas energéticas y lo que uno pueda tener al alcance de la mano en cualquier circunstancia, todo sirve para tratar de “vender” conciencias sociales saludables y atléticas, ya sean estas competitivas o recreativas, pero… ¿esto se refleja en nuestra población?
Definimos ya a quienes consideramos activos y sedentarios, reforzando el concepto de que sedentarismo-actividad física, están sumamente relacionados con la frecuencia en que se efectúan las actividades, si se mantienen en el tiempo y los cambios que éstas producen.
De acuerdo entonces con los datos obtenidos en esta oportunidad, la actividad física vuelve a estar en una situación de quietud respecto de los años anteriores, mínimas variaciones se observan en los grupos estudiados, 3 puntos positivos en niñas, del 23% a un 26% y 3 negativos en niños, del respetable 55% a un 52%, respecto de 2007 es lo que se observa, no hay variaciones significativas. Esto significa que las variables A y S no producen consecuencias en la población respecto de SP y O, teniendo en cuenta el tiempo destinado, las diferenciaciones podrán ser por otras causas, entre las que encontramos a la pubertad y el crecimiento rápido en talla, especialmente en las niñas.
 
 
Veremos qué tipo de influencia adquieren la actividad física y/o el sedentarismo en los alumnos en función de su peso corporal. ¿Influye o no?, ¿es suficiente como para cambiar alguna realidad?, ¿ayuda en todo caso a establecer una regla de habitualidad para cambios de estilos de vida? Ensayamos la Tabla Nº 3 estableciendo los NP, SP, O y BP con relación a los activos y sedentarios.
 
 
La tabla Nº 3 nos indica que en los niños de ambas edades, los activos (A) y sedentarios (S) están más bien en un equilibrio casi permanente respecto de su condición, sobresale como excepcional el sector de los BP, que son ampliamente más los S que los A. En el caso de las niñas seguimos encontrando valores similares a los que descubrimos en el año 2005 y que han permanecido prácticamente sin alteraciones a lo largo del estudio. Este año del 23% de A, pasar al 26%, ha significado solamente que menos de 15 niñas (de una población de casi 500) han comenzado a hacer actividad física, realmente no se ven cambios significativos en una población como la que nos ocupa.
 
 
Resultados generales para relacionar exceso de peso y sedentarismo
 
 
En la Tabla Nº 4 hacemos referencia a si el exceso de peso está relacionado con la actividad física en general. Para este análisis usamos el criterio de Cochran para la combinación de tablas Chi cuadrado de 2 por dos que tienen tamaños de muestra bastantes diferentes. En este caso tendremos 3 tablas que estarán formadas por NSE, una por cada nivel y dentro de ellas se forman las tablas con sedentarios, activos, exceso de peso y normo peso. Se observa que la mayor muestra tiene 348 observaciones y la menor 231 son bastantes diferentes. En nuestro caso da el valor 0,243 lo que está indicando que existe independencia entre el exceso de peso y la actividad física, por lo que para decir con un 95% de nivel de confianza que existiría asociación entre las variables mencionadas debiera dar un valor superior a 1,64, que como se ve, está muy lejos de lo que dio la prueba en este caso. No hay asociación significativa, las variables no están relacionadas.
El análisis ahora lo enfocamos a relacionar el tipo de peso con la actividad física y el sedentarismo. Con más de un 99% de nivel de confianza se puede decir que existe diferencia significativa entre los sexos y nivel de actividad, son más activos los varones. Además con el mismo nivel de confianza, podemos expresar que la actividad no está asociada con el tipo de peso. Pero de acuerdo con lo que se observa en la tabla, el mayor nivel de actividad se da en los que tienen sobrepeso, le siguen los normopeso, luego los obesos y bastante más lejos los de bajo peso. Con respecto a los niños y niñas por separado tenemos: niños Χ2 = 444 (0,533 + 0,480 – 1) = 5,77 se rechaza entonces la asociación entre actividad y tipo de peso, es decir con un 99% confirmamos que son independientes. Niñas: Χ2 = 489(0,261 + 0,746 -1) 3,423. Se puede decir con un 99% de confianza que no hay asociación entre peso y tipo de actividad.
 
Los niños y adolescentes obesos, en general hacen menos actividad física que sus pares de peso normal. Suelen tener menos destreza física y menor confianza en sí mismos. En el terreno deportivo, los estimulan menos, por el sobrepeso y la falta de entrenamiento, sienten mayor disconfort al ejercitarse y deben realizar mayor esfuerzo a igual ejercicio y se lesionan con más facilidad. Los pacientes obesos tienden a sobreestimar la actividad física que realizan y a subvalorar lo que ingieren.
 
En las Tablas Nº 5 y 6 establecemos comparaciones entre los estándares nacionales y nuestra muestra, en ellas se referencia la cantidad de mediciones que hemos hecho a cada edad sobre peso y talla, la comparación y diferencia con los percentilos 50 de los estándares nacionales a esa edad, el puntaje Z calculado mediante estas variables mencionadas y las resultantes de los DS (desvíos estándar).
Se ha hablado en innumerables oportunidades de las tendencias seculares positivas, esas que tienen manifestaciones a lo largo de extensos procesos que incluyen a los factores medio ambientales como una de las principales causas. Desde el momento de nuestra primera investigación, la tendencia de los alumnos de Gualeguay ha demostrado tener una incidencia superior en peso y talla que la de los estándares nacionales, y aunque la marcha o evolución de estos resultados es similar, la diferencia final radica en que desde un principio los niños y las niñas actuales pesan y miden más que las muestras de referencia. Como responsables de estos procesos, entre otros agentes, mencionamos principalmente a la influencia medio ambiental (estilos de vida, alimentación, tipos y frecuencias de actividades en tiempo libre, declinante actividad físico-deportiva, etc.) y a los procesos puberales, que establecen cambios hormonales, influyendo en gran medida sobre el peso y la talla. Esta última variable, como hemos expresado en trabajos anteriores, tiene manifestación más temprana y marcada en las niñas.
Estableceremos una nueva tabla para esclarecer estos conceptos, particularmente sobre la velocidad de crecimiento de los datos de referencia y la velocidad de crecimiento de los datos de nuestra población.
 
 
Desde este punto de vista, se observa cómo evolucionan las variables de estudio en el tiempo, y se comparan a los registros existentes.
Dijimos antes que en general no eran demasiado significativas las diferencias de velocidad de crecimiento entre los estándares nacionales y los datos locales. En dos de las tres diferencias establecidas en niñas, los datos de Gualeguay estuvieron por encima en talla y por debajo en peso, la lectura más separada es de los 10 a 11 años en talla, donde hay una tendencia positiva de 3 Cm. a favor de nuestras alumnas. En el caso de los niños, las lecturas están equilibradas tanto en peso como en la talla, hay picos de crecimiento que se contrastan con descensos en esta velocidad, la miltifactoriedad de desencadenantes de estos procesos hace que sea un juego intrincado de causas y efectos, lo que provoca estos cambios. Además de los factores mencionados, tenemos que nombrar la carga genética que cada individuo lleva como sello de su herencia.
Sobre el descenso en los porcentajes de niños con SP y O, como hemos establecido según Tabla y Gráfico 2, se proporciona una explicación fundada en la faz fisiológica de los niños: las células grasas que se fueron formando en años previos (especialmente después de los 6 años, reboteadipositario) no desaparecen, estas permanecen a lo largo de la vida. Pero es en este periodo en particular, entrando en la adolescencia, que tienen lugar los detonantes de empuje puberal, como los factores hormonales, y una de las mayores influencias de estos factores es sobre la talla. Esto explicaría que los niños al estar más altos (está pegando el “estirón”), tengan una talla considerablemente superior a los años anteriores, y de un IMC menor.
Al respecto, decimos que el tejido graso, no solo es el depósito de reserva de energía. Es un órgano muy complejo y metabólicamente muy activo, ya que participa en múltiples procesos, secreta hormonas y mediadores de la inflamación, interviene en la regulación de la ingesta, en el metabolismo de las hormonas sexuales, en el desarrollo de la insulinorresistencia y en otros procesos. El exceso de tejido adiposo, modifica todo el metabolismo del sujeto obeso, y paradójicamente, en vez de frenar el exceso de peso, lo favorece.
La síntesis de receptores de hormonas sexuales, estrógenos, progesterona y andrógenos, igual que la síntesis de enzimas del metabolismo de las hormonas sexuales, se modifican con el exceso de adiposidad corporal, lo que explicaría, en parte, el desarrollo puberal acelerado de los obesos. Otros receptores de hormonas y sustancias relacionadas con la ingesta, la reserva de grasa, el gasto energético, y los procesos de inflamación crónica, como la insulina, glucagón, hormona de crecimiento, etc., se sintetizan también en el tejido graso, lo que explica, de alguna manera, la mayor actividad de algunas vías metabólicas que perpetúan la obesidad.
Paradójicamente, el retraso del crecimiento intrauterino y el bajo peso al nacer, así como la prematuridad, programan al organismo hacia un metabolismo energético más eficiente, con mayor posibilidad de obesidad, síndrome metabólico y enfermedades crónicas no transmisibles.
En materia deportiva, las actividades se han mantenido casi inalterables, desde las expresiones y disciplinas hasta la cantidad de tiempo que los niños/as dedican a ellas. El fútbol y el básquetbol ocupan los lugares predominantes entre los varones, y entre las dos engloban a casi el 75% de los deportistas de la ciudad en estas edades.
 
 
Se trata verdaderamente de un desequilibrio tremendo, inducido básicamente por la idiosincrasia de nuestro país, en el que el casi endiosamiento que se les brinda a los jugadores, de fútbol especialmente, hace que se vean como verdaderos objetos de culto. Además, existen padres que ven  en esa actividad el camino de salvación hacia una economía que ampare a su familia y a generaciones futuras y vuelcan sus expectativas en que el niño ¿juegue? este deporte. Por otra parte, no dejamos de reconocer que en muchos casos, la disposición al deporte en el seno familiar es puramente recreativa, sin presiones y respetando lo que debe ser, vía libre de expresiones lúdicas, de desarrollo armónico de sus capacidades tanto intelectuales como motoras, y la infinidad de beneficios que sabemos que el deporte y la actividad física nos brinda en todas las etapas de nuestra vida. De todos modos, no demonizamos al fútbol, ya que si no fuera por él, no podría imaginarse la cantidad de niños que tenderían a ser sedentarios. Hay un incipiente resurgimiento del Rugby en nuestra ciudad, este deporte tuvo muchos adeptos en otras épocas, veremos la continuidad en años venideros.
 
 
En el caso de las niñas, la distribución es más equilibrada. Esto se da desde el momento de nuestra primera investigación y se ha mantenido, lamentablemente también se ha mantenido el nivel de actividad física. El surgimiento de nuevas expresiones no cambia la realidad, esa realidad es la que nos indica qué lejos estamos de poseer un deporte afianzado en todas y cada una de las edades, al menos en los niños y jóvenes en edad escolar. Se ha comprobado fehacientemente que una vida deportiva activa y regular en la niñez, acompañada de los padres y la familia en general, produce en el futuro adultos con compromiso por el deporte amateur, el de la sociabilidad y la recreación. De todas maneras se observa que a medida que avanza la edad, el tiempo destinado a la actividad física es menor. Las niñas son muestra excelente de este concepto.
 
Cantidad de Analfabetos en el Departamento Gualeguay: la población de 10 años o más por condición de analfabetismo y sexo, según censo 2001 de acuerdo a los datos de la Dirección Provincial de Estadística y Censo es la siguiente: Total analfabetos: 1453 personas - 3,70% de la población. Mujeres: 624. Varones: 829.
Características de las Personas Analfabetas: lugar de residencia de los analfabetos: generalmente los analfabetos residen en lugares periféricos. Suelen vivir en casas en condiciones de hacinamiento, carencias sanitarias, económicas, tecnológicas y poco acceso a los serviciosbásicos. Como vemos, la recolección de los datos tiene sesgos que no podemos desconocer. A los proporcionados por organismos oficiales, se los contrasta con los recogidos en nuestro estudio, y se constata que en muchos casos la falta de compromiso, la vergüenza, hacen que se falseen u oculten datos importantes. De todas maneras la mayoría de estos casos está en las poblaciones rurales, sectores donde no está orientada la investigación.
 
 
Puntaje estandarizado o puntaje Z
 
Sobre el puntaje estandarizado o puntaje Z, decimos que al igual que al año anterior, se experimenta una clara diferencia en relación a que los puntajes Z de talla son inferiores a los de peso. Esto indicaría en parte un retraso del crecimiento en talla, respecto del peso, pero más aún, un aumento excesivo del peso en estos extremos percentiles.
 
Discusión
 
 
Sobre la alimentación social
Podemos advertir qué edad tiene un individuo, a qué género y clase social pertenece el comensal estudiando su régimen alimentario. Porque hay un comer legitimado para los niños (en nuestro ambiente: papillas) que difiere del comer legitimado de los adolescentes (hamburguesas) y ancianos (sopas). Hay comidas que marcan la masculinidad de los varones (carnes rojas) que son diferentes de aquellas que marcan la feminidad de las mujeres (carnes blancas), así como a través de las comidas se marcan las diferencias de clases, sectores y grupos, ya que, si bien nos resulta esperable que los NSE bajos coman diferente que los altos, es menos visible cómo a medida que aumentan los ingresos, algunos alimentos se transforman en "trazadores" de los consumos.
Por eso no es cierto ni es mentira que los que el sentido común llama "hábitos" sean difíciles de cambiar. Algunos son fáciles, otros son difíciles, algunos cambian en años, otros en décadas. Hay que analizar las relaciones sociales que los sostienen. Si se apoyan en elementos fundantes, procesos estructurales que dan sentido a la dinámica social, su transformación será lenta. En cambio, si están relacionados con aspectos superficiales lo más probable es que se modifiquen con facilidad.
 
 
Sobre la accesibilidad
Mientras que la relación entre distribución del ingreso y alimentación parece clara en las sociedades de mercado, donde los alimentos son mercancías que se compran y se venden (de manera que el acceso depende del ingreso de los compradores y los precios de los alimentos), otros aspectos operan dentro del acceso y sesgan las elecciones.
Ya afirmamos en anteriores trabajos que en las prácticas cotidianas, la búsqueda de una identidad necesaria construye "gustos de necesidad" en los sectores populares opuestos a los "gustos de libertad" de la burguesía siendo los primeros "necesidad hecha virtud" porque "es lo que hace que se tenga lo que se quiere, porque se quiere lo que se tiene."
Así se aprende a gustar lo que se puede comer, construyéndose un gusto adecuado al acceso. Este gusto que hace que se acepte como comida cotidiana lo que de todas maneras estarían obligados a comer porque es lo que se puede (no lo que se quiere).
El individuo aprende a gustar lo que sus padres, sus amigos y todo su entorno encuentran tanto aceptable como posible, excluyendo a veces como sueño imposible y por lo tanto rechazado, lo que de todas maneras difícilmente esté a su alcance. A partir de allí, construye su identidad alimentaria. Pero este mismo gusto los protege de desear lo imposible, porque ¿quién reclama por lo que no le gusta? Un ejemplo de la construcción del gusto siguiendo los accesos económicos lo da el consumo de verduras. En la primer Encuesta de Gastos de los Hogares en 1965 se encontró que el área metropolitana bonaerense presentaba un patrón alimentario unificado, es decir que todos los sectores de ingresos comían los mismos productos y en cantidades similares, hoy sabemos que esto ha quedado en la historia y que la diferenciación notoria es cada vez más evidente. Mientras los NSE más altos y medios consumen frutas y verduras en cantidad y variedad, en los bajos su consumo es casi inexistente. Las verduras han bajado en su participación en la cocina de la pobreza como una estrategia de maximización económica. A medida que los ingresos decrecían y sus precios aumentaban (sumado a que dan poca sensación de saciedad) fueron sustituidas por harinas y papas hasta reducirlas a su mínima expresión. Los pobres no son gordos de opulencia sino gordos de escasez. Hoy, los niños que no han estado expuestos a la construcción de este gusto las desconocen. Si en este ambiente mejorara el acceso, ¿se volverían a incluir las verduras en la mesa de los pobres? La respuesta depende de las relaciones sociales, no solo de la mejora en la economía.
 
Sobre la industrialización
Respecto de la construcción social del gusto hay que tener en cuenta cómo interactúan la industria y los medios en la cristalización de los gustos de clase. El mercado siempre dice que se adapta a la demanda, sin embargo es claro que es al revés: el mercado genera una demanda adaptada a la oferta. Miles de nuevos productos se lanzan cada año luchando por imponerse en el mercado: alimentos para lactantes (cuando lo más saludable es la lactancia materna) para niños, para ejecutivos estresados, para mujeres adelgazantes, para practicantes de deportes, creadas para lograr una identificación con productos que deben venderse en base
a una publicidad masiva creada para darle carácter a esa mercancía alimentaria (la mayoría de las veces divorciada de la nutrición).
No comemos lo que queremos sino lo que nos quieren vender y no nos venden lo que alimenta sino lo que produce ganancias.
La industria alimentaria pinta un paraíso de sabor y encanto a través de publicidades engañosas que refieren a estereotipos de belleza que serían prácticamente imposibles de lograr si consumiéramos sus productos.
 

El individuo del NSE bajo está condenando a comer sólo lo que puede comprar. Hoy los pobres, alimentados con pan, papas, harina, carnes grasas y azúcar, porque les gustan los alimentos rendidores, ya hablamos de la sensación de saciedad, tienen más probabilidad de ser tan o más SP que los NSE altos. Pero es un SP de la escasez, en tanto comen sólo alimentos rendidores, hay exceso de grasas y falta de minerales y vitaminas, contenidos justamente en los productos más caros del mercado. Lo que hace que muy probablemente sufran una disminución en la talla final.
Es interesante volver a marcar que si bien el gusto es una construcción social, sus resultados son individuales y difícilmente el sentido común admita que el gusto es otra cosa que una manifestación de los deseos del sujeto. Si se sigue distribuyendo como hasta ahora, el 20% más rico del planeta se seguirá comiendo el 80% de los recursos.
Esto nos lleva a una afirmación temeraria y es que todos los patrones alimentarios deben cambiar para hacer equitativa, sana y sustentable la distribución con equidad. Bajo el enfoque de seguridad alimentaria debemos admitir que no enfrentamos a una problemática sino dos, la de los países y las gentes que no tienen qué comer, superpuesta a la de los países y la gente que tiene demasiado. Pero, si los países y gentes pobres cifraran su esperanza en alimentarse según el perfil de consumo de los países y sectores que tiene demasiado, morirían por O exagerada o mórbida y el planeta colapsaría. Si hay una salida no está en elevar el nivel de consumo de los pobres equiparándolo a los ricos, sino en modificar ambos perfiles de consumo alimentario. Este desbalance se refleja en la prevalencia de enfermedades crónicas (diabetes, obesidad, accidentes cardio y cerebro vasculares, etc.) que los afectan principalmente. Es que, al revés de la lógica de la ganancia, en alimentación comer más no garantiza vivir mejor.
 
Sobre las derivaciones de la obesidad y desnutrición
La alteración en las concentraciones séricas de los lípidos, constituye un factor de riesgo para la enfermedad cardiovascular y diabetes tipo II. En niños obesos, ésta podría manifestarse tempranamente y variar según la composición corporal.
Los depósitos grasos corporales tienen diferente actividad metabólica y su relación con el riesgo de enfermar es función de su distribución corporal. Así, los individuos con grados importantes de adiposidad central desarrollan más rápidamente la enfermedad que aquellos con distribución de grasa periférica. Se considera que la grasa corporal intraabdominal se relaciona con complicaciones metabólicas, como aumento de la presión arterial, hiperinsulinemia, diabetes tipo II y dislipidemias.
 

La enfermedad cardiaca suele manifestarse clínicamente en la edad adulta, pero los factores de riesgo asociados pueden aparecer tempranamente en la niñez y adolescencia. Los datos más consistentes provienen del Estudio Cardiológico de Bogalusa, en el cual se describen cambios ateroscleróticos ya en las arterias coronarias de niños de 2-15 años. Se observó, en niños y adolescentes con obesidad respecto de niños normales, un riesgo 2,4-7,1 veces mayor de tener COL, LDL, TG aumentados, por encima del percentilo 97, el riesgo aumentaba espectacularmente. Otro estudio refiere que sólo en los niños con franco sobrepeso se encuentra asociación con el aumento de la tensión arterial, dislipidemias o resistencia a la insulina, y que en los niños con moderado sobrepeso, en una gran mayoría, estas complicaciones no son visibles.
Durante la pubertad se produce un aumento en la insulinorresistencia con alteraciones en la composición grasa corporal y los niveles de lípidos. En este período, el aumento de tejido graso suele afectar más a las mujeres; los cambios en la cantidad y la distribución son determinados especialmente por la presencia de las hormonas sexuales, que contribuyen a las diferencias de género y a la variación del nivel lipídico según el estado puberal. La magnitud de estos cambios responde más a la edad biológica que a la cronológica y su evaluación debería realizarse a través de los estadios de Tanner. Sin embargo, en el presente estudio se considera la clasificación por edad cronológica. La actividad física y los hábitos alimentarios, hacen de éste un período vulnerable.
Los Errores Congénitos del Metabolismo (ECM) son enfermedades producidas por trastornos genéticos que alteran la función de distintas vías metabólicas. Aisladamente, su prevalencia es baja, pero consideradas en conjunto constituyen un número importante. Pueden presentarse como una enfermedad sobreaguda, o con síntomas de comienzo tardío o intermitentes o tratarse de cuadros clínicos crónicos o evolutivos.
 
 
Muchos estudios son coincidentes en cuanto a que índices antropométricos alterados juegan como factor prevalente en el aumento en los triglicéridos (TG). También se establece que por el indicador IMC, las concentraciones medias de TG son significativamente mayores en las niñas O en relación a las con SP. En estudios según grupo etario, por los mismos indicadores, las concentraciones de TG fueron significativamente más altas en los mayores de 10 años. Esto nos da la pauta de la importancia de tener este tipo de referencias en nuestra población y a las edades que describen los estudios.
Las frecuencias de acortamiento fueron más altas en el NSE inferior de todos los grupos etarios, lo que reafirma que esta forma de desnutrición es una de las mejores medidas para evidenciar la inequidad social. Los niños del NSE inferior crecen menos (en términos de T/E) pero además reciben asistencia médica de peor calidad y provienen de hogares más numerosos que tienen más antecedentes de BPN, mortalidad, etc. Es decir, la población estudiada presentó perfiles sociales claramente diferenciados que se reflejan en el estado nutricional.
Todos los antecedentes biosociales de riesgo registraron una fuerte asociación con el NSE, lo que señala la utilidad de este índice como indicador de características marcadamente disímiles, que condicionan el proceso de salud-enfermedad.
 
Diagnóstico de anorexia
La dificultad en su diagnóstico hace que los médicos se basen en determinados criterios. En el caso de la anorexia nerviosa son: pérdida de peso superior o igual al 15% del peso ideal, miedo intenso al peso, alteraciones en la imagen corporal y un mínimo de tres meses sin regla (amenorrea). La pérdida de peso generalmente supone serias alteraciones nutricionales. Al peso perdido, cuando se trata de un adolescente en edad de crecimiento, además, hay que añadirle el peso no ganado durante el tiempo que se realiza la dieta restrictiva. La moda, el papel social de la mujer, los medios de comunicación, la proliferación de los productos y servicios para adelgazar, la publicidad, el rechazo a la obesidad y el sobrepeso, la exhibición del cuerpo y los modelos públicos son algunos de los fenómenos aceptados socialmente que influyen negativamente en la difusión del culto al cuerpo.
La publicidad televisiva entonces, se transforma en un rechazo social encubierto a la O, por lo tanto es un empuje subliminal hacia los trastornos de la conducta alimentaria. Los especialistas insisten en que hay que estar atentos a los signos de alarma, pues la mayoría de las personas afectadas, bien sea por anorexia nerviosa o bulimia, no reconocen que sufren un trastorno de alimentación. Una situación de adelgazamiento extremo sin causas médicas determinables, cambios de humor como irritabilidad y tristeza, retracción y aislamiento social progresivo y amenorrea podrían hacer sospechar que se está ante una anorexia nerviosa. En el caso de la bulimia es más difícil ver signos claros si no alude a ellos la propia persona que la sufre o bien se presencian atracones o conductas compensadoras, como ausencias frecuentes durante las comidas. Sin embargo, hay pequeños detalles que pueden poner sobre aviso: alteraciones dentarias, estomatitis, gingivitis, caries dentales, inflamaciones de glándulas salivales y parótidas y alteraciones gastrointestinales, todas ellas debidas al déficit nutricional o a causa de los vómitos autoinducidos.
 
Conductas anoréxicas
Existen algunas conductas que pueden poner sobre aviso de que nos encontramos ante una anorexia. Entre ellas se encuentran:
o        Cambios en las costumbres relacionadas con la comida.
o        Seguir dietas muy restrictivas a menudo.
o        Reducir la cantidad de comida.
o        Saltearse las comidas.
o        Culto a los productos "light" o de dietética.
o        Usar diuréticos y laxantes.
o        Ejercicio físico intenso y repentino para perder peso.
o        Vomitar.
o        Atracones las últimas semanas.
o        Preocupación excesiva del cuerpo o la figura. Pesarse a menudo.
o        Interés exagerado por la publicidad sobre productos para adelgazar.
 
 
Conductas bulímicas
Algunas conductas que orientan sobre una situación de bulimia son:
o        Engaño sobre la alimentación y las conductas de purga.
o        Nerviosismo a las horas de comer.
o        Desaparición de comida de la cocina.
o        Encontrar comida escondida en bolsos y cajones.
o        Ausentarse para ir al baño al final de las comidas con excesiva frecuencia.
o        Cambios de ánimo o de carácter (depresión, irritabilidad).
o        Aislamiento de amigos y familiares.
o        Evitar lugares públicos donde haya comida.
 
El problema de este tratamiento radica en la dificultad de mejorar los aspectos biológicos si no mejoran los psicológicos, y estos empeoran con los síntomas físicos derivados de la malnutrición estableciéndose, así, un círculo vicioso que hay que abordar.
 
 
Sobre el rol del estado
El adecuado estado nutricional de los niños es un requisito para el progreso socioeconómico de las sociedades a largo plazo. Debemos establecer la cooperación desde donde surgirán las nuevas buenas generaciones, pero de nada sirve cooperar con un grupo que no coopera. En este sentido, sucesivos gobiernos han empujado los problemas para adelante. Lejos de encarar soluciones definitivas, se provocan cada vez más adscriptos a los políticos y las necesidades no conocen de prórrogas, entonces todos tenemos oportunidad de cooperar y ser receptores de esa cooperación. Seamos solidarios cuando tiene sentido.“Una buena sociedad es aquella donde cooperar tiene sentido”.El primer inconveniente para asumir compromisossurge de los mismos actores sociales (losmiembros del equipo de salud, los individuos involucrados, los gobernantes). El abanico decambios desplegados en la vida de las personas es tan amplioque podemos admitir grados crecientes de desorientaciónen el camino a seguir.Es función de los gobiernos interpretar ytratar de explicar los cambios que en estas materiasse producen.Parece algo irreal que muchas delas cosas que sufrimos y deseamos estén en manosde tan pocos y tan alejadas de nosotros, y que,además, sólo sean decisiones políticas y económicascarentes del sentido de humanidad.
El mismo proceso de falta de alternativas y legitimación del gusto pobre se da con la asistencia social alimentaria del estado y ONGs. En los bolsones y en los comedores, la asistencia alimentaria ofrece más de lo mismo: guisos y sopas plenos de hidratos de carbono y grasas, con poca carne y nula verdura. En este sentido, ayudan a empobrecer el capital cultural de estos sectores porque clausuran opciones.
Se siguen visualizando estos paradigmas que explicamos en el 2007, la obesidad en la pobreza y los hogares con doble carga, son un prototipo lamentable que nos toca vivir muy de cerca. Vemos a menudo que el funcionariado de turno intenta en vano tratar de desentramar algo tan complicado como la vida misma, el hecho de entregar un plan social, pensiones, ayuda en comestibles, comedores comunitarios, comedores escolares, etc. Esto a pocos contribuye realmente, ya que los contextos familiares no se encaminan si no hay una política que absorba todas las necesidades de un individuo, en primer lugar, el poder dignificante del trabajo, ese que les permitía a los empleados de décadas pasadas, vivir con expectativas, sin la necesidad de que el estado venga en auxilio de su entorno un par de veces al mes, y
sabemos que la educación, diferente de la de nuestros padres que resultaba difícil y comprometida, se ha transformado en muchos casos, en guarderías y comedores. Sea en el contexto que sea, es una muestra de la decadencia que venimos sufriendo desde hace muchos años, si a esto le agregamos que hay deserción escolar, que el número de analfabetos es mayor al que hemos establecido en años anteriores, muchos de nuestros niños no poseerán el soporte intelectual apropiado para el desenvolvimiento social adecuado, desprovisto de herramientas que le permitan establecerse dentro de un sistema en el que los NSE bajos no dejan de trazarse críticos futuros.
 
Analfabetismo      
Un estudio hecho en nuestra ciudad dice que este grupo de personas se autodiscrimina. Generalmente concurren a las escuelas incentivados por las becas (tipo salarios) y también por los comedores. No creen que la educación sea realmente útil para su futuro, ya que toman el ejemplo de sus padres que con trabajar en un taller mecánico y sin estudios, sobreviven a los problemas que se les presentan, o de sus madres que tienen un “Plan Trabajar” y sin ningún estudio reciben una mensualidad (que por otra parte lejos está de solucionarles el problema).

 Historia familiar y escolar de los analfabetos: muchos de sus padres son analfabetos, nunca fueron a la escuela o abandonaron en años bajos, pero generalmente ocultan su situación por vergüenza, otros en cambio, son analfabetos funcionales, saben dibujar su nombre pero no interpretan un texto. Estos chicos no tienen el apoyo de sus padres, ya que estos suelen ser analfabetos o analfabetos funcionales y no pueden ayudarlos en su desarrollo escolar. En muchos casos estos padres consideran de mayor utilidad que sus hijos trabajen para llevar dinero a sus casas en lugar de ocupar horas en la escuela, lo cual para ellos es algo innecesario. La mayoría de estas personas sienten vergüenza al no saber leer ni escribir, se sienten fuertemente discriminados, razón por la cual no retoman sus estudios. Una persona analfabeta, que no está en un buen nivel social, cree que por más que estudie, nunca va a llegar a conseguir un buen trabajo, esto hace que se conformen con trabajos duros que le suministran un mínimo de dinero mensual.
 
Sobre creencias, estándares y tendencias
Un estudio británico que siguió a casi seis mil chicos a medida que se convertían en adultos jóvenes muestra que los problemas de peso están bien establecidos antes de la adolescencia. El "estirón" no evita la obesidad en los chicos con sobrepeso. Muchos padres y madres de chicos con sobrepeso esperan ansiosos la llegada de la adolescencia con la secreta esperanza de que el "estirón" queme como por arte de magia el exceso de peso, pero se afirma que los chicos que son obesos cuando comienzan el secundario terminan la escuela siendo obesos. El hallazgo de que la proporción de adolescentes en un rango de peso saludable no se reduce con el tiempo sugiere que el principal desarrollo del tejido graso está completamente establecido a los 11 años. Por lo tanto, el período de riesgo para el desarrollo de una obesidad persistente son los años previos a la adolescencia. Además, varones y mujeres experimentan con la pubertad una redistribución de su masa grasa bien diferente. Si ambos tienen al comienzo de la pubertad un porcentaje de grasa corporal del 10%, al final de la adolescencia los chicos terminan con un 7% y las chicas, con un 20%, como resultado de la explosión hormonal que experimentan a partir de la menarca. Ni el sedentarismo ni la conducta dietante, deben ser estimuladas, ya que sólo van a lograr más obesidad como resultado del efecto rebote o van a sentar las raíces de un trastorno alimentario. Los padres confían en que con el estirón se van a volver más flacos, y no tienen problema en ofrecer una cantidad ilimitada de comida. No hay que confiarse en la pérdida de peso de la adolescencia, (que sí suele ocurrir en los varones) porque si comen todo lo que encuentran a su paso y no hacen actividad física, los que tenían sobrepeso van a seguir teniendo sobrepeso. En todo caso, este período de aceleración del crecimiento puede ser aprovechado estimulando la actividad física y una alimentación saludable, para lograr un descenso de peso razonable.
Los nuevos estándares de crecimiento y desarrollo de la OMS presentan un enfoque      prescriptivo basado en el hecho de que las poblaciones infantiles crecen de manera similar cuando las condiciones de salud (nutrición, ambiente libre de tabaco, inmunización, etc.) y sus entornos favorecen el alcance máximo del potencial genético de crecimiento. Este estudio posee una característica fundamental, es la de iniciarse con la exposición de una supuesta causa, y luego seguir a través del tiempo a una población determinada hasta fijar o no la aparición del efecto. Este aspecto los distingue de otras referencias de crecimiento de tipo descriptivo, que sólo describen cómo crece un grupo determinado de niños en un momento y lugar dados. Es por ello que consideramos el método adecuado a nuestros objetivos y el trazado del camino por donde debemos actuar en el futuro.
Por último podemos expresar que las tendencias seculares positivas se manifiestan actualmente. Los desencadenantes de estos cambios son múltiples, las comidas de alto contenido graso, el aumento brusco de peso, los eventos puberales cada vez a menor edad, provocan que las variables de estudio se vean cada vez mas alejadas de las referencias nacionales y que los sucesos hormonales tengan manifestaciones más tempranas, estableciendo en consecuencia las tendencias positivas de los datos antropométricos de los que hemos hablado.

 
Conclusiones          
 
El trabajo reafirma que el crecimiento físico es un “espejo” de las condiciones sociales de la población y sugiere que los programas de intervención deberían incluir también a poblaciones en riesgo (nutricional y social).
La Asociación Americana de Pediatría propone que los niños menores de 2 años no miren TV y que los niños no tengan TV en su cuarto. Desarrollar actividad física al menos una hora.
La educación para un estilo de vida saludable compromete a toda la sociedad: familias, escuelas, sistemas de salud, industrias, gobiernos y todos los ámbitos por donde circulan nuestros hijos. Involucrar a toda la familia en un estilo de vida más saludable e identificar junto con ellos las barreras y facilitadores existentes para el cambio.
Los parámetros de las diferentes variables estudiadas no son extremos, si bien surgen indicios de futuras complicaciones en la salud de algunos jóvenes, debemos intentar mostrar a quienes tengan competencias directas con el problema.
Los indicadores de crecimiento se condicen con los de referencia, salvando que se parte de una tendencia positiva, de acuerdo a los estándares.
No hay signos de movilidad a los indicadores de actividad física y deportes, como así también el tiempo dedicado a ellos. En las mujeres, éste disminuye a medida que avanza la edad lo que evidencia que las niñas persiguen intereses diferentes a los años anteriores, la manifestación de los eventos puberales, entre otros, puede ser la causa.
A pesar de establecer con carácter significativo, la asociación entre NSE, condición del peso y actividad física y de encontrar con facilidad en los medios masivos de comunicación sobre la importancia del cuidado de la salud (no solamente verse bien), no ha causado impacto en la población. Por el contrario, surgen trastornos graves como la bulimia y la anorexia, los que afectan doblemente la salud del individuo.
Definitivamente la actividad física no determina condición de peso alguna y no perturba los parámetros existentes sobre estas condiciones, evidentemente y con claridad meridiana, el tiempo destinado a las prácticas deportivas es por demás escaso como para impactar favorablemente en el gasto energético de los niños.     
Debemos seguir incentivando la práctica deportiva, días y tiempo destinado, así como una alimentación saludable, con frecuencias de al menos cuatro veces al día. Al respecto se han encontrado relaciones inversas y estadísticamente significativas entre el número de comidas diarias y el IMC (los escolares con una comida diaria presentaban mayor IMC que los que tenían tres o cuatro comidas al día).


Agradecimientos
La investigación correspondiente a este año se da por finalizada en Gualeguay, Entre Ríos, Argentina, en noviembre de 2008. agradeciendo a aquellos que la hicieron posible: Supervisión Departamental de educación, en la persona de su titular, profesora Marina Virué; Equipo de conducción del Centro de Educación Física Nº 2 "Dr. Luis Mac `Kay" de la ciudad. Equipos de conducción de todos los establecimientos participantes; padres y alumnos de los mismos; al Dr. Héctor Cabello (cardiólogo) y al Dr. Hugo Pérez Tambini (pediatra) por su apoyo y entusiasmo permanente y por el enorme orgullo de tener como colaborador al estadístico matemático Roberto Altinier, quien me ha abierto las puertas de su sabiduría, enalteciendo con su aporte, el modesto escrito que se presenta.

 
Anexo I
 
 
Colocamos aquí, gráficos sobre diversos detalles que tienen que ver con la investigación.
 
 
Referencias Bibliográficas
 
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1.       -------- “Evaluación antropométrica en niños escolares de 10 y 11 años de la ciudad de Gualeguay. 2007 Tercera parte”. Centro de Educación Física Nº 2 “Dr. Luis R. Mac`kay”.- Gualeguay, Entre Ríos. http://www.nutrinfo.com/pagina/info/actividad_fisica_adolescentes.pd f?PHPSESS=de9955ec50f25c4e9501a20b26f0b762
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5.       Matos Columbié, Ceila; Letourneaut Laguea, Anotnio y Matos Columbié, Zulema. “Manual Básico del Investigador” Universidad Pedagógica Guantánamo, Guantánamo 1999.
 
 
 
 
 

Fuente:

PortalFitness.com


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