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“LA ACTIVIDAD FÍSICA EN LA REHABILITACIÓN CARDIOVASCULAR”

Por Prof. Lic. Raúl Supital

  • Licenciado en Kinesiología

  • Profesor Nacional de Educación Física

  • Vice-Rector del Instituto Romero Brest

  • Director Científico ICET J.CHEDIEK http://www.silviachediek.com

La patología coronaria constituye la primera causa de muerte. Algunos datos nos indican que en EEUU se produce una muerte súbita por minuto y que en 9 de cada 10 casos se trata de personas que padecen cardiopatías isquémicas. En nuestro país, se produce una muerte cada 5 minutos por alguna enfermedad cardiovascular. Estos datos nos están aconsejando, no solo una buena atención de las personas con patología cardiovascular, sino también una atención preventiva de aquellos con predisposición previa, debido a la presencia de factores de riesgo.

 

Entre los más comunes podemos mencionar la obesidad, la hipercolesterolemia (aumento del nivel de colesterol sanguíneo por sobre los valores recomendables), la hipertensión arterial, factores psíquicos, edad, sexo, sedentarismo, herencia tabaquismo, estrés.  Este último es una constante en el 95 % de los casos. Nuestra tarea habitual, tiende a disminuir la incidencia e importancia de los factores de riesgo presentes, como así también a mejorar el rendimiento cardiovascular y del aparato locomotor en general.

 

El programa de rehabilitación cardiovascular cuenta con un equipo multidisciplinario de salud, formado por un cardiólogo, un kinesiólogo y profesional de la actividad física, una nutricionista-dietista y una asistente técnica.

 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la rehabilitación cardíaca es el conjunto de actividades necesarias para asegurar a los cardiópatas una condición

física, mental y social óptima que les permita ocupar por sus propios medios un lugar tan normal como sea posible dentro del marco social.

 

Aspecto Físico

 

Al paciente se le realiza una ergometría previa (en treadmill o bicicleta ergométrica) al ingresar al programa de actividades físicas.  El reconocimiento de la capacidad máxima, tanto en jóvenes como en personas de mediana edad, resulta útil tanto para la prescripción de una actividad deportiva con el fin de readquirir y mantener el estado físico como para la rehabilitación en pacientes coronarios. La prueba de esfuerzo graduado o ergometría (PEG) nos da 3 valores determinantes para el posterior establecimiento de protocolos o programas de entrenamiento. Estos datos son:

 

            . frecuencia cardiaca máxima durante el esfuerzo

            . presión arterial máxima durante el esfuerzo

            . alteraciones electrocardiográficas durante el esfuerzo

 

El programa consiste en realizar actividades tales que el individuo logre alcanzar el 70-85 % de los valores obtenidos en la PEG, pero teniendo en cuenta la no aparición de signos o síntomas de sufrimiento cardíaco, ni alteraciones electrocardiográficas durante el ejercicio. En caso de producirse esto último, se deberá disminuir la carga de trabajo hasta lograr la desaparición de las mismas.

 

Cada individuo realiza dos sesiones semanales de 60 minutos cada una, las que se complementan con un programa de actividades diarias domiciliarias. Como conducta inicial de las sesiones controladas se mide la presión arterial y la frecuencia cardíaca en reposo de cada uno de los individuos. En los primeros 30 minutos de trabajo se realizan ejercicios programados, respetando posiciones prestablecidas, teniendo en cuenta ir de lo poco a lo mucho, de lo fácil a lo difícil y de lo simple a lo complejo.

 

Esta primera parte de la sesión se divide en 5 bloques de actividades de 5 minutos cada uno, con 1 minuto de pausa recuperadora entre cada etapa. Las posiciones básicas progresivas son el decúbito dorsal, ventral, sentado, cuadrupedia, parado, marcha y trote. Respetando la misma organización, realizamos trabajos con pelota de goma en las diferentes posturas antes mencionadas. Cabe aclarar que la variedad de elementos utilizados es tan amplia como sea la creatividad de cada profesor, recomendando especialmente el uso de theraband.

 

La segunda parte de la sesión también se desarrolla en 5 bloques, pero aquí el trabajo se realiza con pedaleo en bicicleta ergométrica. En cada etapa de trabajo se van incrementando las cargas en forma progresiva según los datos de rendimiento obtenidos previamente en la PEG (cargas medidas en kilogrametros). Sobre los últimos 15 segundos de cada bloque se evalúa la frecuencia cardíaca para poder determinar la posibilidad o no de continuar aumentando la carga hasta el 85% de la máxima capacidad. Además, en el último minuto de la cuarta etapa se toma la tensión arterial, lo que nos permite tener el valor diario de confrontación con los valores máximos obtenidos al inicio del programa de rehabilitación.

 

Es importante hacer notar que durante los 30 minutos de pedaleo, la persona se encuentra conectada, mediante electrodos a un monitor que registra en forma permanente la actividad eléctrica del miocardio durante el ejercicio. Es este otro dato importante para detectar cualquier anormalidad funcional y poder corregir o modificar el protocolo de entrenamiento.

 

La quinta y última etapa del pedaleo se realiza con cargas mínimas, entendiendo por estas a aquellas cargas con las que se inicio el esfuerzo. El objetivo es que al finalizar este bloque el paciente retorne a los valores de presión arterial y frecuencia cardíaca que tenía al iniciar la sesión. Si esto no ocurriese, apelamos a alguna técnica de relajación durante 5 minutos.

 

Como se puede interpretar de lo antedicho, se utiliza un sistema de entrenamiento de intervalos o interval training.  Este tipo de sistema de trabajo esta determinado por una sucesión de esfuerzos submaximales con pausa incompleta de recuperación.  Los procesos funcionales de este sistema ocurren durante la pausa. El esfuerzo o carga constituyen, por lo tanto, únicamente una preparación del organismo que provoca, a partir de la finalización de la misma, los efectos estimulantes desde el punto de vista circulatorio y respiratorio. Estos beneficios se prolongan aproximadamente hasta el comienzo del nuevo esfuerzo. Cuando se realiza un esfuerzo físico, la resistencia periférica impone una traba a la normal circulación del torrente sanguíneo, provocando un aumento del gasto cardíaco y como consecuencia una hipertrofia de la masa miocárdica. Pero este proceso es aun discutido.

 

Una vez finalizado el ejercicio, la resistencia periférica comienza a ceder, con lo cual el torrente sanguíneo fluye con mayor libertad. Unido a esto, la frecuencia cardiaca disminuye, posibilitando una mayor afluencia de sangre a las cámaras cardíacas. Mediante este proceso, dicho órgano se adapta con un estiramiento de sus fibras. El freno circulatorio que ocasiona la resistencia periférica primaria, constituye el impulso que beneficia el aumento o dilatación funcional de la silueta cardiaca, repercutiendo en un aumento del volumen de eyección sistólica.

 

Reindell y col. han podido comprobar, en bicicleta ergométrica, que la capacidad de absorción de oxígeno durante los esfuerzos es muy pequeña, y que desde el comienzo de la pausa y hasta los 30 segundos se registra un aumento de dicha absorción. Todos estos factores determinan la elección de este sistema de entrenamiento entre nuestros pacientes.

 

Conclusión

 

Al cabo de algunas semanas de trabajo programado se observan algunos cambios, como por ejemplo,  una mejoría en la capacidad funcional determinada. Además, se observa una mejor predisposición psicológica al esfuerzo, que se manifiesta al mismo tiempo como una mejor respuesta cardiovascular y respiratoria. Como consecuencia de la mejoría psicomotora, se evidencia una actitud positiva ante las personas y cosas que rodean al paciente. Siendo hoy en día, la actividad física un aspecto fundamental en el programa de rehabilitación cardiovascular, es de importancia fundamental la elección del sistema de entrenamiento a utilizar, considerando las características individuales y grupales de los pacientes a tratar.

 

Aspecto Mental y Social

 

Según M. D. López Pérez, el apoyo psicológico no sólo es importante si lo encara el profesional del área, sino también el propio grupo de pacientes, que al estar integrado por personas en distintos estadios evolutivos y con un enfoque diferentes de sus problemas, va a ayudar a superar las reacciones de ansiedad manifiesta y depresión reactiva ante la enfermedad. Todo esto va dejando atrás posiciones negativistas y de hiperprotección, como defensa ante la angustia y se va adoptando una postura de aceptación de la enfermedad y de cooperación en el manejo de la misma y en la prevención de los factores de riesgo.

 

Debemos cuidar que el programa de clases se desarrolle dentro de una armoniosa camaradería, y que sea lo suficientemente flexible como para permitir diferentes actividades que satisfagan las necesidades y emociones del grupo. Nuestra experiencia, luego de varios años de trabajo con este tipo de grupos, nos permitió comprobar que la posibilidad de compartir y dialogar con personas que entre sí presentan la misma problemática, disminuye los miedos y angustias ante las patologías cardiovasculares que padecen. Además, el hecho de poder conocer el cuerpo a través de la actividad física, como así también el funcionamiento del mismo, les permite desenvolverse con mayor seguridad y confianza en las actividades de la vida diaria.

 

Evaluación

 

Para poder evaluar la condición física, tomamos un grupo de pacientes con el que trabajamos durante 12 meses. En los primeros 3 meses del programa, anotamos datos referidos al funcionamiento orgánico-funcional, lo cual repetimos al finalizar el mismo.

 

Las variables evaluadas fueron:

 

  • capacidad funcional expresada en METS (1 met equivale a 3,5 ml 02/kg./minuto) obtenida en la ergometría previa y posterior del programa. Este método permite además, determinar en forma aproximada el gasto de energía en relación con las actividades físicas comunes.

 

  • presión arterial al inicio de la clase en relación con la patología que presento cada paciente.

 

  • presión arterial máxima obtenida en cada clase y con el máximo esfuerzo, en relación a la máxima presión obtenida en la PEG.

 

  • Frecuencia máxima obtenida en cada clase y con  el máximo esfuerzo, en relación a la frecuencia cardiaca máxima obtenida en la PEG.

 

Material y Métodos

 

Se estudiaron 40 pacientes con patología cardiovascular, todos ellos de sexo masculino, cuyas edades oscilaban entre 41 y 77 años. Fueron agrupados de acuerdo a la patología que presentaban de la siguiente manera:

 

         Hipertensión arterial        18 casos      45 %

         Infarto agudo miocardio    8 casos      20 %

         Puente coronario              8 casos      20 %

         Stress crónico                  6 casos      15 %

 

El estudio consistió en volcar en planillas individuales los datos obtenidos en las ergometrías previas, en lo que se refiere a la capacidad funcional, frecuencia cardiaca máxima (F.C.) y presión arterial máxima (T.A.) obtenida durante el estudio. También se registraron, al comienzo de cada clase del programa, (durante 3 meses) la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Asimismo se anotaron F.C. y T.A. máxima de cada clase, las que generalmente se obtenían en la anteúltima etapa de trabajo, teniendo en cuenta que utilizábamos entrenamientos de intervalos.

 

Para la toma de presión arterial utilizamos tensiómetros de pared, de fácil lectura a distancia. Para el registro de frecuencias cardíacas se usó un contador digital y el pedaleo se realizó en cicloergómetro con cargas de 25 y 250 kgm. Los datos obtenidos en la primera etapa fueron archivados y luego de 12 meses de trabajo fueron comparados con los obtenidos en ese momento (segunda etapa). De esta manera se buscó concluir sobre la utilidad o no del entrenamiento de intervalos en un programa de rehabilitación cardiovascular.

 

Resultados

 

En referencia a la capacidad funcional, expresada en METS y sobre un total de 40 pacientes, 26 mejoraron su capacidad, en tanto que los 14 restantes respondieron de igual manera que en la ergometría realizada con 12 meses de antelación. Es decir, que el 65 % de los pacientes respondieron satisfactoriamente al programa de rehabilitación cardiovascular con un sistema de entrenamiento de intervalos.

Por su parte, los hipertensos crónicos y los infartados mejoraron un 12 %  su capacidad funcional, observando que los bypaseados y los que sufren estrés crónico incrementaron la misma en un 35 %. Cabe acotar la excelente respuesta al esfuerzo y a la actividad física programada en el grupo de pacientes con puente coronario debido a los grandes avances producidos en los últimos años en este tipo de cirugía.

 

Luego de un año de trabajo, se logro disminuir la presión arterial inicial (antes de iniciar cada sesión de trabajo) siendo significativo el descenso entre los hipertensos y bypaseados.  Podemos afirmar que se produjo un descenso global

de la T.A. tanto en sus valores máximos o sistólicos como así también en los mínimos o diastólicos. Fue objetivo principal de nuestra tarea lograr disminuir la presión arterial diastólica, de gran riesgo especialmente dentro de los hipertensos crónicos. Asimismo, descendió la T.A. máxima de cada sesión en todos los grupos evaluados. También disminuyó la T.A. obtenida en las ergometrías, salvo en el grupo de los estresados, en el que creció un 1,5 %.

 

La frecuencia cardiaca máxima de cada clase aumento en todos los grupos de trabajo, como así también la F.C. máxima obtenida en la ergometría. Puede esto interpretarse como una mejor respuesta contráctil del miocardio a la actividad física programada. Aunque es de esperar una disminución de la respuesta taquicárdica al ejercicio para una carga dada, se pudo observar un aumento de la frecuencia cardiaca, quizás originada por el incremento paulatino que sufrieron a lo

largo de 12 meses las cargas de trabajo.

 

Discusión

 

Se puede deducir, a través de los resultados obtenidos, la importancia de la actividad física en los pacientes con patología cardiovascular. En nuestra experiencia, el sistema de entrenamiento de intervalos generó una notable mejoría en el rendimiento físico de los pacientes. No se descarta con esta conclusión la utilización de otros sistemas de trabajo para poder lograr el mejoramiento del funcionamiento orgánico-funcional. En definitiva, todo apunta a este grupo de cardiópatas, buscando lograr su reinserción en la sociedad, basándose en programas de trabajo que se apoyen en una base científica sólida.

 

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