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LA ESTRUCTURA DE SESIÓN Y LA UTILIZACIÓN DE LOS JUEGOS COMO RECURSO DIDÁCTICO”.

CUESTIONANDO TÓPICOS EN EDUCACIÓN FÍSICA

 AUTORAS/ES:   Víctor M. López Pastor (Coord.) Roberto Monjas Aguado, Marta González Pascual, Esther López Pastor, José Manuel García de la Puente, Darío Pérez Brunicardi, Mayte Archilla Pratt, Ana García-Peñuela.

 CENTROS DE TRABAJO:    EU. Magisterio de Segovia  e  Institutos de Enseñanza Secundaria de Segovia, Ávila y Madrid.

Revista La Peonza, nº 4 (6-9) Ed. Asociación La Peonza. Valladolid.

1- INTRODUCCIÓN.

La intención de este artículo es la de cuestionar un par de tópicos que forman parte de la cultura profesional de gran parte del profesorado de Educación Física de nuestro país.

Nos estamos refiriendo a la habitual organización de la sesión en tres fases (animación – o puesta en acción o calentamiento-; parte principal y vuelta a la calma), y a la utilización masiva de “juegos” como recurso metodológico con el cual trabajar la mayoría de contenidos en Educación Física.

Suelen ser un par de tópicos que de tantas veces como los hemos oído, leído y visto hacer, ni siquiera ponemos en duda que puedan no ser los más correctos.  Un par de tópicos que aparecen en muchas de las publicaciones de material curricular para el área de EF, y además son reforzados en muchos de los centros e instituciones que se dedican a la formación del profesorado; por lo que no sólo se asumen como algo normal y natural, sino que incluso a veces se convierten en auténticos dogmas de fe  (esto es, en la verdad única e indiscutible).  Estos procesos de socialización profesional hacen que ni siquiera nos cuestionemos que desde una perspectiva educativa a lo mejor es preferible hacer las cosas de otra manera.

Confiamos en que este artículo se entienda como una invitación a cuestionarnos cuales son las razones educativas que hay detrás de la educación física que practicamos.  Una invitación a dialogar y discutir sobre la educación física que estamos creando entre todas y todos, y que entre todos y todas tendremos que hacer avanzar hasta conseguir desarrollar todo su potencial educativo.

Entendemos que es bueno hacer ejercicios de reflexión y autocrítica que nos ayuden a tomar una mayor consciencia de cómo estamos trabajando y si deberíamos comenzar a modificar los aspectos que consideramos insuficientes, o erróneos, educativamente hablando. 

Confiamos también en que nadie se sienta herido ni atacado personalmente.  Lo que aquí cuestionamos son ideas y planteamientos sobre nuestra profesión, no a las personas de carne y hueso que los practican.  Lo que no nos convence son algunos de los tópicos más extendidos y habituales en nuestra profesión;  así como los procesos formativos que hacen que dichos tópicos se reproduzcan un año tras otro, sin que parezcan avanzar otros modos más educativos de desarrollar nuestra práctica.

2.- EL PRIMER TÓPICO A CUESTIONARSE:  LA ESTRUCTURA DE SESIÓN EN EDUCACIÓN FÍSICA. 

En muchos de nuestros centros la estructura dominante de sesión en EF continúa estando basada en criterios fisiológicos, con la habitual estructura de: “calentamiento, parte principal y vuelta a la calma”, más propia de sesiones de entrenamiento físico-deportivo que de prácticas educativas[1]. En otros muchos casos se ha sustituido la fase de “calentamiento” por una fase de “puesta en acción”, con una finalidad más psicológica de motivación y entrada en la situación que la puramente fisiológica. Hasta hace pocos años éstas han sido las prácticas más habituales dentro de la mayoría de las clases de educación física, sin que casi nadie se las cuestionase.

Si nos limitamos a lo que se dice en la mayoría de los libros y actividades formativas, no parece que sea muy habitual (aunque afortunadamente cada vez lo es más), que haya momentos de “asamblea o corro” con el alumnado, donde se verbaliza y dialoga sobre lo que se va a aprender (o se ha aprendido y vivenciado) en esa sesión, actividad, unidad didáctica, proyecto, etc.

Pero en cambio, lo que suele ocurrir es que un porcentaje importante del profesorado de EF realiza estas fases inicial y final de dialogo y puesta en común con su alumnado, bien de forma espontánea, o bien porque está convencido de su importancia. En cualquier caso se está haciendo por una iniciativa personal, habitualmente en contra de lo que nos han enseñado y de lo que nos dicen muchos de los libros de material curricular en EF. Además, estas rutinas no suelen figurar de modo explícito en los planteamientos y estructuras de sesión de dichos profesores, ni del material curricular que generan.

Lógicamente estas fases de diálogo están estrechamente unidas al interés explícito por parte del profesorado de que el alumnado aprenda algo en sus clases de educación física.  Y esto es importante; porque si no nos planteamos que el alumnado viene a EF a aprender una serie de contenidos, es muy posible que continuemos desarrollando una clases de educación física que se limiten al mero activismo, bien como entrenamiento corporal o bien como tiempo de recreación.

En este sentido, dichos momento de diálogo son sólo un pequeño ejemplo. Consideramos importante dedicar un rato de la sesión a alguna o varias de las siguientes cuestiones:

-         saludar y despedir a nuestro alumnado,

-         hablar con nuestro alumnado de lo que vamos a trabajar y aprender hoy, conectándolo con lo que aprendimos ayer y lo que aprenderemos mañana (y relacionándolo con experiencias y conocimientos de su vida cotidiana),

-         que colaboren en la organización y recogida del material,

-         cambiarse de ropa y calzado y que se aseen,

-         utilizar un cuaderno del alumno, con diferentes fines en función de la edad y la sesión...,

-         recordar lo aprendido hoy y relacionarlo con lo que haremos el siguiente (lo cual, a veces requiere que busquen información, que intenten responder a alguna pregunta, etc.).

Si tenemos más o menos claras estas cuestiones, entonces es fundamental que creemos una estructura de sesión donde haya un lugar y un tiempo para cada una de ellas. Y dichos tiempos y fases deberán estar recogidos claramente en la estructura de sesión y en su planificación; así como en la denominación que demos a cada fase; porque si no lo hacemos así, si lo damos por sobreentendido,  lo más fácil es que no se haga, o que se entienda como algo absolutamente secundario.

Nos parece más razonable que la estructura de sesión sea coherente con el tipo de aprendizaje programado. Esto es, no importa tanto el que nuestras sesiones tengan siempre la misma estructura, como el que dicha estructura sea consecuente con los aprendizajes que buscamos en cada clase de educación física.

En un trabajo anterior hemos analizado detalladamente los tipos de estructura de sesión en EF y sus implicaciones educativas (ver López et al,2001), por lo que remitimos a él a quién esté interesado en profundizar en este tema.

3.- EL SEGUNDO TÓPICO:  “LOS JUEGOS” COMO EL PRINCIPAL RECURSO METODOLÓGICO Y DIDÁCTICO EN EDUCACIÓN FÍSICA. [2]

Durante los últimos diez o quince años se ha ido implantando en nuestro país una peligrosa tendencia a considerar que ser profesor de EF consiste, básicamente, en dominar un conjunto de juegos con los que trabajar todos los contenidos de la EF (juegos de resistencia, de esquema corporal, para la lateralidad, para las habilidades físicas básicas, juegos de iniciación deportiva, juegos de expresión corporal,... juegos cooperativos, juegos competitivos, juegos no competitivos, juegos grupales, juegos individuales, juegos de 3 a 6 años, juegos de 6 a 12 años, juegos para grandes y pequeños, juegos de interior, juegos en la naturaleza;... juegos de, juegos en, juegos con, juegos para...).

Parece que el juego se ha convertido en la “piedra filosofal” de la profesión, en el remedio adecuado para todo tipo de contenidos, objetivos y finalidades. El juego vale para todo y todo se soluciona con un juego (o varios sucesivos, sin importar demasiado el orden, ni la relación, ni muchas veces siquiera la finalidad; si no como mucho el tiempo que hay que ocupar). Las sesiones de EF se convierten en un sumatorio de juegos, pegados unos a otros sin demasiados criterios a tener en cuenta. Conectando con el tópico anterior:  un juego o dos para la fase de animación, cuatro o cinco para la parte principal y uno más para la vuelta a la calma... más alguno en la recámara por si sobrara tiempo.

Además el juego y lo lúdico parecen ser el símbolo de progreso, avance, innovación y profesionalidad en EF.  Parece que la diferencia entre la EF tradicional y la educativa (y entre los antiguos profesores y los actuales) consiste fundamentalmente en la utilización (o no) del juego para trabajar los correspondientes contenidos (que, en cambio, no se cuestionan demasiado).

Pero esta no es una característica propia y exclusiva del profesorado recién formado, sino que está tan extendida que se convierte en la dominante y mayoritaria.

Durante la última década este tipo de planteamientos pueden encontrarse en un porcentaje muy importante del profesorado de educación física, en numerosos libros y materiales didácticos publicados y distribuidos por las diferentes editoriales y centros de profesores, en la mayoría del alumnado de las facultades de educación, escuelas de magisterio y facultades de ciencias de la actividad física (así como en los titulados más o menos recientes). Estas ideas son reforzadas también por la mayoría de los profesionales encargados de la formación inicial y permanente del profesorado de educación física en nuestro país.

Dado este estado de cosas, el intentar cambiar esta forma de entender y practicar la educación física, estas creencias tan firmemente asentadas y tan reforzadas, se convierte en un proceso largo, complicado y difícil.

Pero nosotros ponemos en duda que este sea el modo más adecuado y formativo para trabajar en nuestra asignatura; y mucho menos el único. También ponemos en duda que cualquier planteamiento del juego y de cómo llevarlo a la práctica sea válido.

Cuando en nuestra práctica educativa la mayoría de las sesiones consisten en hacer una serie de juegos para trabajar los diferentes contenidos del programa, nosotros creemos que estamos limitando enormemente el potencial educativo de nuestra asignatura.  Las razones que tenemos para pensar así son las siguientes:

Cuando el juego se constituye en la principal, o única, herramienta didáctica a la hora de desarrollar un programa de educación física, nosotros ponemos en duda que:

-         de esta forma el alumnado esté desarrollando aprendizajes realmente significativos, conscientes y valiosos.

-         hayamos cambiado realmente de modelos y enfoques en la forma de entender y practicar la Educación Física.

-         se cumplan los objetivos generales y los principios metodológicos de la Reforma.

-         Estemos superando realmente los modelos de EF que sólo se preocupan de entrenar cuerpos o de recrear a sus alumnos.

-         Las sesiones de educación física no se limiten a ser un segundo recreo.[3]

-         se pueda atender convenientemente a la diversidad del alumnado.

-         Se pueda desarrollar correctamente la EF en contextos especiales:  por ejemplo en las escuelas unitarias del medio rural.

-         Dejemos de ser algún día una asignatura “maría”.

Esto no significa que el juego no pueda tener cabida en un planteamiento coherente de educación física, pero siempre teniendo en cuenta que es un medio y no un fin; y que a través de su utilización debemos dar respuesta a cuestiones como las anteriormente planteadas, por lo que seguramente necesitaremos apoyarnos en otras herramientas que complementen y potencien las posibilidades educativas del juego.

De momento aquí acaba el tiempo y el espacio para hablar nosotr@s y comienza el tiempo y el espacio de tod@s para dialogar y debatir sobre las ideas que aquí se lanzan. 

BIBLIOGRAFÍA CITADA:

- López Pastor,VM. (coord..) (2001) La sesión en educación física: los diferentes modelos y los planteamientos educativos que subyacen”.  Revista electrónica “Lecturas de EF”  (www.lecturasef.com).

- Mateos Carreras,M.J. (1998). La EF en Primaria o los juegos. Actas XVI Congreso Nacional de EF de EUM. Universidad de Extremadura. Badajoz. (pgs 243-246).

ANEXO

Entre el profesorado de EF aún está muy extendido el tópico de que en las sesiones de EF el alumnado tiene que acabar sudando, cansado, y llegar a la siguiente clase “mansos” y calmados. Parece que esto es en gran medida nuestra justificación, nuestro sentido dentro de la escuela. Y así, desde este punto de vista cabe preguntarse: ¿se busca notoriedad?¿protagonismo? o bien ¿diferenciarnos de las demás asignaturas?.  Ciertamente no son una o dos las veces que nuestros compañeros de centro nos comentan: “que bien, que tranquilitos estaban, venían tan cansaditos... daba gusto dar clase”. Nuestros propios compañeros trivializan nuestra asignatura, y nos refuerza a hacer un tipo de trabajo con el alumnado. El problema llega cuando esta “filosofía de la EF”, esta forma de enfocar nuestras sesiones, aísla contenidos que no suelen llevar a la sudoración, al cansancio, incluso a veces todo lo contrario (respiración-relajación, expresión corporal, conocimiento del propio cuerpo, equilibrio, etc.).

[1]De hecho, es conveniente recordar que este modelo de sesión fue incorporado a las clases de educación física desde el mundo del deporte.

[2] Sobre esta temática consultar el interesante trabajo de Mateos (1998).

[3] Y por tanto se nos asocie con animadores, más que con docentes. En este sentido, pueden incluso entenderse los rumores de dejar sólo 1 hora lectiva a la semana para nuestra asignatura.

 


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