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TIEMPO LIBRE Y ESCOLARIDAD

Lic.  Pablo A. Waichman

   Muchas veces, al iniciar las clases en el Instituto Superior de Tiempo Libre y Recreación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, algunos de mis alumnos -que, además, son docentes del sistema formal- suelen hacer afirmaciones tales como:

            " -El juego y la diversión no tienen que ver con la escuela"

            " -La recreación se da en los recreos, ¿acaso no alcanza?"

            " -Cuando se educa no hay espacio para el juego"

            " -Los educadores tenemos que formar, no divertir"

            "- El juego en la escuela provoca desorden y desconcentración"

            " -El aprendizaje escolar es cosa seria, no de juego"

            " -Cuando salen de la escuela tienen todo el tiempo para jugar"

  Algunos, más reflexivos, dicen:

            " -No nos prepararon para jugar"

            " -Yo trato de hacer mis clases más entretenidas"

            " -El juego es una actividad para las maestras jardineras"

  Todas estas afirmaciones, entiendo,  tienen en común un desconocimiento marcado acerca del significado de la educación como del juego. Confunden educación con escolaridad. Lo más grave es que tales nociones -ya que no alcanzan a ser conceptos- son vertidas por profesionales de un ámbito de las ciencias sociales que se caracteriza en la formación de la persona.

  Pero, luego, señalan enfáticamente que "la actividad específica de los niños es el juego" ya que así lo afirma cualquier tratado de pedagogía o de psicología infantil. Y entonces les pregunto: ¿y por qué, entonces, no se juega en las escuelas? La contradicción es demasiado llamativa para no otorgarle capital importancia.

  En realidad, sucede que el sistema formal intenta -con bastante poco tino- preparar a sus alumnos para un futuro trabajo más que formarlo para el hoy y como una individualidad integrada. Se actúa para una parte del tiempo no para todo el tiempo: el eje está en el tiempo llamado obligatorio -asociado al aburrimiento, esfuerzo, cansancio, el de la actividad productiva material-. Pero, ¿quién prepara para el otro tiempo, el llamado "libre"? ¿O éste no es ámbito de los educadores?

  El maestro suele desesperarse por la motivación, por lograr que los educandos adhieran a su proyecto de tarea. ¿Por qué no preguntarse qué les interesa a ellos? ¿O los contenidos escolares no tienen que ver con la realidad cotidiana? Parece quedar claro: en la escuela no se juega porque se prepara para la "vida". Y la vida debe ser demasiado seria como para andar jugando.

RECREACIÓN Y EDUCACIÓN

   Si deseamos establecer relaciones entre educación y recreación debemos, en principio entender que la escolaridad es una forma institucionalizada -y sólo una forma- de educar. Ni la única ni la mejor. Existen sectores y agentes educativos con el mismo o mayor grado de influencia: los medios masivos de comunicación, la educación familiar y de los grupos de pares, las miles de experiencias cotidianas denominadas Educación Informal, etc.

  Uno de esos ámbitos particulares puede ser la recreación, lo que merece algunas aclaraciones previas.

  Comúnmente se identifica la recreación -o lo recreativo- con experiencias placenteras centradas en un modo "jugado" de participación. Y esto alcanza hasta las escuelas apareciendo las "didácticas recreativas" que facilitan los aprendizajes formales: matemáticas recreativa, física recreativa, etc.

  Tal concepción de la recreación se refiere a la adjetivación otorgada a una acción -no a su esencia-. Lo "recreativo" parece inundar la realidad como forma de entretener o desaburrir o, por lo menos, hacer más divertido un aprendizaje. Cuando tal situación aparece fuera de la escuela decimos que se da en el tiempo libre -en realidad, tiempo desocupado o disponible más que libre-.

  Ejemplifiquemos lo antedicho con el recreo escolar, arquetipo de una "actividad recreativa", en la cual los educadores por lo general no participan por considerarlo una situación poco importante. Se afirmará que los niños o adolescentes están en su tiempo libre, que hacen lo que quieren, que juegan y se divierten, que pueden elegir sus actividades, etc. ¿Conocen Uds. alguna teoría seriamente fundada que demuestre la necesidad del recreo como estructura funcional de la educación formal? Algunos dirán -sin mayores fundamentos- que el máximo de atención no supera los 40 minutos, que los educandos necesitan descansar y distraerse y argumentos similares.

  Sin embargo, hay infinitos ejemplos fuera del ámbito de la escuela (el cine, los hobbys, los juegos espontáneos, etc.) donde ese tope temporal no existe. ¿No será que el único fundamento del recreo -de nuestros recreos- consiste en la necesidad de eliminar la carga de aburrimiento, tensión, desagrado, imposibilidad de movimientos, de la hora de clase anterior? De ser cierto lo dicho, el recreo no es una actividad autónoma ni libre sino necesaria y dependiente de la capacidad y compromiso del docente, del ámbito físico, del clima escolar, etc.

  Pues bien: este es un tipo de actividad recreativa -que no será lo mismo que Recreación-. Su sentido es el de una acción compensadora, reequilibradora, reordenadora, donde se hace lo que se puede de lo que se quiere. Se necesita la diversión para superar el tedio. Pero, si el docente actúa placenteramente y genera placer en los otros, los recreos de sus alumnos serán cualitativamente distintos: no serán necesarios sino libres, manifestándose en conductas tales como "no querer salir al recreo", seguir conversando y elaborando los temas tratados, actitudes físicas mucho más laxas, comunicación interpersonal más distendida...

 LA LIBERTAD COMO PRACTICA

   A esta altura del análisis habrán descubierto Uds. que estoy poniendo en discusión el tema de la LIBERTAD. Tema sobre el cual se conversa asiduamente pero poco se analiza y menos se practica -igual que la "democracia" en la escuela, ¿verdad?-. Y así como a ser demócrata se aprende haciendo, a ser libre también.

  Sin intentar ingresar en territorios filosóficos de altos niveles de complejidad, es importante señalar que la libertad es una práctica cotidiana que se opone a la necesidad generada exteriormente. Sí se refiere a las necesidades autogeneradas, autónomas, propias, auténticas. El liberarnos de esas necesidades es la libertad El recreo, como fue descripto, es, justamente, no libre porque intenta superar una necesidad creada por el docente -o el sistema-. Un recreo será libre para cada educando -entendiendo que su práctica supone conductas y actitudes libres- cuando no lo necesite: será un recreo autónomo, no compensatorio.

  Sucede que, al salir del aula, el alumno está libre de una obligación externa, pero debe superar las consecuencias de esa obligación. Sólo cuando las haya resuelto estará en condiciones de acceder a la libertad para, la de sus propias y genuinas necesidades.

  La práctica de la libertad oscila permanentemente en un eje continuo entre la obligación exterior, la liberación de esa obligación y  la obligación interior o libertad para, consistente en el compromiso, el protagonismo,  en una actitud autónoma, responsable y solidaria.

  Siguiendo este somero análisis podemos poner en crisis la conocida concepción del tiempo libre como el tiempo en que no hay obligaciones, el tiempo disponible, desocupado, de no trabajo, etc. Este será, entonces, tiempo libre de algo en la realidad pero sólo eso. El problema es qué se hace en ese tiempo liberado: puede perderse, gastarse o, en cambio, generar libertad plena en una acción -o conjunto de ellas- en la cual se está comprometido, "jugado". Si bien la libertad se desarrolla -o se anula su posibilidad de aparición- en un continuo con tres grandes puntos (la obligación externa, la no obligación externa y la obligación interna), como educadores debemos tender a la gestación de esas necesidades interiores. Ejemplifiquemos: el alumno pude estudiar un determinado tema porque a) lo exige el docente, b) porque si bien no lo obligan tampoco se le ocurre nada mejor que hacer o c) porque le interesa, le gusta, se siente partícipe del proceso de aprendizaje, es una actividad placentera... Las conclusiones acerca de qué ítem es el más importante a desarrollar y cómo hacerlo corren por cuenta del lector. Lo que nos ocupa, la libertad -como concepto práctico-, no es terreno de lo didáctico como sí de lo pedagógico, de la concepción y significado de la educación. Y entonces discurriremos si educamos para la libertad o para la obligación (dependencia). Como colofón, elaboraremos algunas pautas didácticas.

LIBERTAD Y RECREACIÓN

  Ahora sí. Podemos volver al tema inicial. Queda claro que el recreo es, comúnmente, tiempo libre de algo a menos que no necesite ser compensatorio, convirtiéndose entonces en recreo libre para algo. Y ésta sí será una buena actividad recreativa, autónoma, autogestionaria, protagónica. Pero, probablemente, aún no sea Recreación.

  Típicamente hablamos de Recreación frente a cualquier actividad placentera realizada en un tiempo liberado de obligaciones. Pero la acción, o su conjunto, suelen ser actividades mayoritariamente caracterizadas por su significado compensatorio o desaburridor. Si partiendo de la compensación y superándola avanzamos hacia la actividad autogestiva y dentro de una estructura específica que contenga, ordene y priorice las acciones y el proceso, entonces, entiendo, hablaremos de Recreación -no ya de "actividades recreativas"-.

  Lo antedicho supone:

  * un sistema: conjunto interrelacionado e interdependiente de elementos móviles;

  * una estructura definida: campamento, viaje de egresados, colonia de vacaciones, club de abuelos, taller de arte, de ciencias, etc.;

  * un currículum: conjunto de objetivos educativos a lograr, tendientes a la autonomía y la autogestión;

  * un proceso: donde la cantidad de tiempo debe transformarse en calidad del tiempo;

  * un equipo de personal especializado en el desarrollo de procesos educativos que partan del tiempo no obligatorio, de actividades voluntarias.

  Tal enfoque, al que suelo denominar Recreación Educativa, puede definirse de la siguiente manera: Educación en y del (o para) el Tiempo Libre. Desde esta óptica participará del área de la Educación No Formal en tanto hay una intencionalidad educativa conciente y tiene lugar a partir de un tiempo no obligatorio exterior. Esto es, parte del tiempo libre de, y no sólo para compensar o reequilibrar, sino para intentar generar actitudes protagónicas y comprometidas. Desde este punto de vista, no pretende, simplemente, usar el tiempo disponible sino convertirlo en una necesidad autocreada (tiempo libre para).

  Ejemplifiquemos: en el caso de un campamento, el modelo común hace que los participantes se integren a un esquema establecido de horarios, actividades, objetivos, formas de participación, etc. dispuesto por los organizadores. La participación, si bien puede ser activa, es el resultado de lo que otros -los dirigentes- quieren. Y, por supuesto, se divertirán enormemente y realizarán valiosas experiencias.

  La propuesta desde la Recreación Educativa no negará ninguna actividad en particular. La diferencia central radica en que el campamento será elaborado, diseñado, construido con los acampantes, que deberán asumir responsabilidades y realizar tareas mucho antes de efectuar la actividad campamentil. Por supuesto, atendiendo a la edad, experiencias, cantidad de participantes, temporalidad disponible, etc., será el proceso de autogestión a generar. En realidad, no se pretende sólo que vayan de campamento sino que lo elaboren en sus distintos aspectos -equipo general e individual, lugar, temporalidad, presupuesto, comidas, reglamento interno, normas de convivencia, actividades-. Entonces, no sólo serán libres del tiempo sino para el tiempo; protagonistas y corresponsables de los éxitos y los fracasos; aprendices de prácticas de tolerancia, democracia, respeto, organización, compromiso -no de sus discursos-.

  Este enfoque de la Recreación es mucho más complejo ya que requiere que el propio docente esté comprometido con la tarea a realizar, acepte compartir el poder, entienda que el pensar y el hacer se suponen mutuamente, que la noción de autoridad o de disciplina son construcciones  a generar, etc. Y también debe quedar claro que los mismos criterios debe y puede manejar el docente en la escuela, sólo que no "hará" Recreación sino una buena educación formal: educación para la libertad. Claro, el desafío es grande. Ser libre, o intentar serlo es difícil. Intentar que otros lo sean, más aún. ¿Se anima?

 


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