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Compendio de Musculación

Curriculum Vitae del Autor

glg_63@yahoo.com.ar

DESARROLLO DE LA FUERZA EN LA INFANCIA.

En primer termino se debe especificar las edades a las que nos referimos al hablar de infancia y cuales son los períodos de ella en que resulta pertinente referirse al desarrollo de la fuerza en forma especifica, aislándola como cualidad.

También cabe destacar que desarrollo de la fuerza no es lo mismo que entrenar con pesas simplemente; puesto que un niño puede entrenar con aparatos de musculación y pesas y no estar desarrollando o mejor dicho entrenando para incremento de fuerza o potencia. Todo va a depender de la diagramación y dosificación de los esfuerzos, por esta razón es muy importante  quién es el que diagrama la progresividad de cargas de trabajo y bajo que fundamentos se rige dicha persona.

Se denomina infancia al período que transcurre entre el nacimiento y la pubertad, etapa esta de transición hacia la adolescencia que puede establecerse aproximadamente entre los diez y doce años de edad. Aquí ocurre un fenómeno de división entre edad cronológica y edad evolutiva.  En la actividad física rutinaria (entrenamiento con sobrecargas) tiene mucho que ver; ya que se pueden encontrar niños con la misma edad cronológica pero con una fluctuación evolutiva de hasta cuatro años. Ej.: Un niño de diez años cronológicos puede tener mas/menos dos años; o sea que encuadra entre los ocho, o bien entre el grupo de doce. También existen diferencias entre los sexos.

Por supuesto que desde el instante mismo de nacer el niño usa sus músculos, sus movimientos son bruscos, desordenados e imprecisos pero llega a impresionar en algunos casos la fuerza empleada en ellos, especialmente cuando se encuentra irritado o insatisfecho, pudiendo observarse la gran relación entre la excitación nerviosa y la aplicación de la fuerza como respuesta.  Generalmente la tensión muscular no se puede localizar en un sector o grupo muscular especifico, ya que toda la estructura muscular en mayor o menor medida participa en las acciones.

Esta característica de globalidad motriz perdura durante varios años con su lógica evolución hacia una mayor diferenciación de los gestos y los músculos que participan, pero recién a partir de los siete u ocho años el niño puede tomar conciencia total de su cuerpo y analizar sus movimientos.

Esto es de fundamental importancia ya que las características psicomotoras infantiles unidas a las del orden biológico y emocional condicionan en forma absoluta toda la ejercitación para desarrollar la fuerza muscular, puesto que la no-observancia de esos caracteres puede ocasionar serios trastornos en la personalidad física y psíquica del niño. Un parámetro de medida para comprobar si el niño se encuentra en condiciones de sobrellevar un deporte o ejercicios rutinarios y/o individuales (entendiéndose sin componente lúdico) es la predisposición con la que encara dicha actividad, si él por su propia voluntad decide ejercitarse con un sistema rutinario e individual quiere decir que su edad evolutiva será capaz de sobrellevarlo, caso contrario el mismo se encargara de abandonar la actividad, el adulto (ya sea el padre, o profesor) no debe interferir en su decisión; lo que si debe hacer es conducirlo en la forma correcta de acuerdo a su fisiología, biomecánica, sicología y sociabilidad. 

 

Características anatomo-fisiológicas:

 

‑ El músculo infantil es sumamente elástico, con suave tono y poca definición. Muy bien irrigado, permite una rápida recuperación luego del esfuerzo.

‑ Las articulaciones son muy móviles y elásticas.

‑ Los huesos largos presentan cartílagos de crecimiento en sus extremos. Son flexibles y se encuentran en proceso de osificación.

‑ La columna vertebral ha terminado de establecer sus curvas normales recién en la segunda infancia (seis a diez‑doce años).

‑ El sistema nervioso responsable de la estimulación muscular y de las respuestas correspondientes permite observar:

a)‑ En el niño pequeño (hasta los seis años) el tiempo de reacción y la ejecución total de los movimientos son lentos, por encontrarse las vías nerviosas en pleno proceso de maduración y diferenciación. A partir de esa edad se produce un fenómeno de aceleración y desarrollo motriz que culmina alrededor de los diez años con una acentuada mejoría en el tiempo de reacción y una alta frecuencia en la transmisión de impulsos nerviosos.

b)‑ La coordinación dinámica general se estructura paulatinamente siguiendo etapas sucesivas de maduración y experiencia motriz, las cuales no pueden ser alteradas o pretendidamente aceleradas. Las respuestas motrices ante cualquier estimulo de movimiento son globales y unitarias.

‑ Las conductas motoras del niño implican la utilización de grandes sinergias musculares, por falta de capacidad de análisis de los músculos necesarios para dar una respuesta económica y óptima.

 

Características psicoemocionales:

 

‑ El niño posee poca voluntad y capacidad de persistencia en una acción esforzada. Abandona rápidamente una tarea que exige gran concentración o repetición uniforme.

‑ No le interesan los ejercicios estáticos y formales; no los entiende ni los desea por contraponerse a su necesidad de movimiento pleno, natural y libre.

‑ Recién alrededor de los ocho años comienza a interesarse con la idea de "prepararse para"... Y el afán de competencia lo estimula para mejorar su capacidad motriz, su fuerza y resistencia.

Del breve análisis realizado en cuanto al perfil de tipo general del niño, podemos inferir los siguientes conceptos con relación al desarrollo de la fuerza muscular:

1)‑ El principio de sobrecarga es valido como fundamento biofisiológico del desarrollo muscular, pero debe utilizarse con sentido formativo exclusivamente.

El objetivo de la tarea es lograr en el niño una correcta formación corporal a través de una estimulación muscular adecuada.

2)‑ Esta estimulación corporal debe ser totalizadora y global en las primeras etapas a través de ejercicios simples que requieran de poca coordinación neuromuscular, y que no sea necesario estabilizar las cargas.

3)‑ A partir de los ocho o nueve años puede introducirse una tarea de mayor sistematicidad introduciendo ejercicios especiales, pero que sigan siendo globales (que atiendan a los grandes grupos), sin discriminaciones o focalización especifica (análisis fino). No debe estructurarse sin embargo un esquema de ejercicios y repeticiones que obliguen a una adaptación del organismo infantil al esfuerzo, sino que la tarea debe adecuarse a las necesidades formativas del niño.

4)‑ No es económico trabajar la fuerza e intentar la hipertrofia muscular, ya que los bruscos períodos de crecimiento dan por tierra con el aumento de los diámetros fibrilares que podrían obtenerse tras largo tiempo de entrenamiento.

5)‑ La movilización de pesos elevados por sobre la cabeza puede acarrear desviaciones en la columna vertebral y una deficiente formación de sus curvas. De la misma manera, un trabajo sistemático con sobrecarga puede ocasionar deterioros al nivel de otras articulaciones o de los extremos cartilaginosos de los huesos largos, pero en cambio una estimulación adecuada (ejercicios con aparatos y cargas relativamente bajas pero con suficiente estimulo como para generar una respuesta) favorecerá el crecimiento total al estimular la hormona somatotrófica.  Por ultimo, se debe seguir el siguiente planteo metodológico para estimular el logro de niveles óptimos deseables para cada edad respecto de la fuerza:

1) trabajo netamente dinámico, ya que la fuerza debe desarrollarse intrínsecamente relacionada con el acrecentamiento de la capacidad motriz.

2) Desarrollo fundamentalmente de la resistencia muscular como sustento de la actividad física del niño.

3) Ejercitación variada con estimulaciones cortas y pausas de recuperación entre los ejercicios manejadas en forma irregular.

4) Utilización de sobrecargas livianas, que sean perfectamente manejables sin deformación del arco de recorrido por el exceso de peso.

5) Realización de numerosas repeticiones que permitan la automatización de las estructuras motrices adquiridas y simultáneamente la capacitación de los grupos musculares interesados en la acción.

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