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DESARROLLO
DE LA FUERZA EN LA INFANCIA.
En primer termino se debe especificar las edades a las que nos referimos
al hablar de infancia y cuales son los períodos de ella en que resulta
pertinente referirse al desarrollo de la fuerza en forma especifica, aislándola
como cualidad.
También cabe
destacar que desarrollo de la fuerza no es lo mismo que entrenar con pesas
simplemente; puesto que un niño puede entrenar con aparatos de musculación y
pesas y no estar desarrollando o mejor dicho entrenando para incremento de
fuerza o potencia. Todo va a depender de la diagramación y dosificación de los
esfuerzos, por esta razón es muy importante
quién es el que diagrama la progresividad de cargas de trabajo y bajo
que fundamentos se rige dicha persona.
Se denomina
infancia al período que transcurre entre el nacimiento y la pubertad, etapa
esta de transición hacia la adolescencia que puede establecerse aproximadamente
entre los diez y doce años de edad. Aquí ocurre un fenómeno de división
entre edad cronológica y edad evolutiva. En
la actividad física rutinaria (entrenamiento con sobrecargas) tiene mucho que
ver; ya que se pueden encontrar niños con la misma edad cronológica pero con
una fluctuación evolutiva de hasta cuatro años. Ej.: Un niño de diez años
cronológicos puede tener mas/menos dos años; o sea que encuadra entre los
ocho, o bien entre el grupo de doce. También existen diferencias entre los
sexos.
Por supuesto
que desde el instante mismo de nacer el niño usa sus músculos, sus movimientos
son bruscos, desordenados e imprecisos pero llega a impresionar en algunos casos
la fuerza empleada en ellos, especialmente cuando se encuentra irritado o
insatisfecho, pudiendo observarse la gran relación entre la excitación
nerviosa y la aplicación de la fuerza como respuesta.
Generalmente la tensión muscular no se puede localizar en un sector o
grupo muscular especifico, ya que toda la estructura muscular en mayor o menor
medida participa en las acciones.
Esta característica
de globalidad motriz perdura durante varios años con su lógica evolución
hacia una mayor diferenciación de los gestos y los músculos que participan,
pero recién a partir de los siete u ocho años el niño puede tomar conciencia
total de su cuerpo y analizar sus movimientos.
Esto es de fundamental importancia ya que las características
psicomotoras infantiles unidas a las del orden biológico y emocional
condicionan en forma absoluta toda la ejercitación para desarrollar la fuerza
muscular, puesto que la no-observancia de esos caracteres puede ocasionar serios
trastornos en la personalidad física y psíquica del niño. Un parámetro de
medida para comprobar si el niño se encuentra en condiciones de sobrellevar un
deporte o ejercicios rutinarios y/o individuales (entendiéndose sin componente
lúdico) es la predisposición con la que encara dicha actividad, si él por su
propia voluntad decide ejercitarse con un sistema rutinario e individual quiere
decir que su edad evolutiva será capaz de sobrellevarlo, caso contrario el
mismo se encargara de abandonar la actividad, el adulto (ya sea el padre, o
profesor) no debe interferir en su decisión; lo que si debe hacer es conducirlo
en la forma correcta de acuerdo a su fisiología, biomecánica, sicología y
sociabilidad.
Características
anatomo-fisiológicas:
‑ El músculo
infantil es sumamente elástico, con suave tono y poca definición. Muy bien
irrigado, permite una rápida recuperación luego del esfuerzo.
‑ Las
articulaciones son muy móviles y elásticas.
‑ Los
huesos largos presentan cartílagos de crecimiento en sus extremos. Son
flexibles y se encuentran en proceso de osificación.
‑ La
columna vertebral ha terminado de establecer sus curvas normales recién en la
segunda infancia (seis a diez‑doce años).
‑ El
sistema nervioso responsable de la estimulación muscular y de las respuestas
correspondientes permite observar:
a)‑ En
el niño pequeño (hasta los seis años) el tiempo de reacción y la ejecución
total de los movimientos son lentos, por encontrarse las vías nerviosas en
pleno proceso de maduración y diferenciación. A partir de esa edad se produce
un fenómeno de aceleración y desarrollo motriz que culmina alrededor de los
diez años con una acentuada mejoría en el tiempo de reacción y una alta
frecuencia en la transmisión de impulsos nerviosos.
b)‑ La
coordinación dinámica general se estructura paulatinamente siguiendo etapas
sucesivas de maduración y experiencia motriz, las cuales no pueden ser
alteradas o pretendidamente aceleradas. Las respuestas motrices ante cualquier
estimulo de movimiento son globales y unitarias.
‑ Las
conductas motoras del niño implican la utilización de grandes sinergias
musculares, por falta de capacidad de análisis de los músculos necesarios para
dar una respuesta económica y óptima.
Características psicoemocionales:
‑ El niño
posee poca voluntad y capacidad de persistencia en una acción esforzada.
Abandona rápidamente una tarea que exige gran concentración o repetición
uniforme.
‑ No le
interesan los ejercicios estáticos y formales; no los entiende ni los desea por
contraponerse a su necesidad de movimiento pleno, natural y libre.
‑
Recién alrededor de los ocho años comienza a interesarse con la idea de
"prepararse para"... Y el afán de competencia lo estimula para
mejorar su capacidad motriz, su fuerza y resistencia.
Del breve análisis
realizado en cuanto al perfil de tipo general del niño, podemos inferir los
siguientes conceptos con relación al desarrollo de la fuerza muscular:
1)‑ El
principio de sobrecarga es valido como fundamento biofisiológico del desarrollo
muscular, pero debe utilizarse con sentido formativo exclusivamente.
El objetivo
de la tarea es lograr en el niño una correcta formación corporal a través de
una estimulación muscular adecuada.
2)‑
Esta estimulación corporal debe ser totalizadora y global en las primeras
etapas a través de ejercicios simples que requieran de poca coordinación
neuromuscular, y que no sea necesario estabilizar las cargas.
3)‑ A
partir de los ocho o nueve años puede introducirse una tarea de mayor
sistematicidad introduciendo ejercicios especiales, pero que sigan siendo
globales (que atiendan a los grandes grupos), sin discriminaciones o focalización
especifica (análisis fino). No debe estructurarse sin embargo un esquema de
ejercicios y repeticiones que obliguen a una adaptación del organismo infantil
al esfuerzo, sino que la tarea debe adecuarse a las necesidades formativas del
niño.
4)‑ No
es económico trabajar la fuerza e intentar la hipertrofia muscular, ya que los
bruscos períodos de crecimiento dan por tierra con el aumento de los diámetros
fibrilares que podrían obtenerse tras largo tiempo de entrenamiento.
5)‑ La
movilización de pesos elevados por sobre la cabeza puede acarrear desviaciones
en la columna vertebral y una deficiente formación de sus curvas. De la misma
manera, un trabajo sistemático con sobrecarga puede ocasionar deterioros al
nivel de otras articulaciones o de los extremos cartilaginosos de los huesos
largos, pero en cambio una estimulación adecuada (ejercicios con aparatos y
cargas relativamente bajas pero con suficiente estimulo como para generar una
respuesta) favorecerá el crecimiento total al estimular la hormona somatotrófica.
Por ultimo, se debe seguir el siguiente planteo metodológico para
estimular el logro de niveles óptimos deseables para cada edad respecto de la
fuerza:
1) trabajo
netamente dinámico, ya que la fuerza debe desarrollarse intrínsecamente
relacionada con el acrecentamiento de la capacidad motriz.
2) Desarrollo
fundamentalmente de la resistencia muscular como sustento de la actividad física
del niño.
3) Ejercitación
variada con estimulaciones cortas y pausas de recuperación entre los ejercicios
manejadas en forma irregular.
4) Utilización
de sobrecargas livianas, que sean perfectamente manejables sin deformación del
arco de recorrido por el exceso de peso.
5)
Realización de numerosas repeticiones que permitan la automatización de las
estructuras motrices adquiridas y simultáneamente la capacitación de los
grupos musculares interesados en la acción.
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