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Motivación.
Es
la palabra sobre la cual montamos nuestro cotidiano accionar, nuestra actitud
hacia la actividad está regida por su significado. Esto es en todas las
actividades de nuestra vida; pero yo me remitiré en este artículo a la
actividad que me compete como profesor de educación física. Generalmente
cuando uno se lanza a la actividad física es porque alguna “fantasía” en
algunos casos, o alguna “realidad” en otros, motivó su accionar.
Ahora bien, ¿qué es motivación?, digamos que como su nombre lo indica es el
motivo por el cual se realiza una acción o se impulsa un pensamiento
determinado que luego deriva en actitudes o acciones. La mente consciente
necesita alguna excusa para que la expresión física (en este caso), se lleve a
cabo; con más razón cuando nuestro objetivo es el efecto entrenamiento, (para
los que no están familiarizados con esta terminología propia de la teoría del
entrenamiento deportivo, el efecto entrenamiento en síntesis es cuando:
como respuesta a la dosificación sistemática de esfuerzos progresivamente
exigentes, se logra una restitución ampliada de material gastado, tanto energético
como celular, básicamente, una regeneración incrementada como respuesta fisiológica
a la adaptación al estrés aplicado, entendiéndose como estrés al ejercicio
realizado).
Existen
dos tipos de motivación: externa e interna. A su vez estas se
pueden subdividir para su mejor comprensión, trataré de explicarlas
globalmente.
La
motivación externa: o básica o primaria, es
aquella que como su nombre lo indica se recibe a través de un tercero,
importante en el proceso educativo del deportista, pero engañosa en las fases
sucesivas. ¿por qué engañosa?: porque genera subconscientemente una
dependencia robotizada de aquél estímulo que generó dicha acción. Este tipo
de motivación es importante en la competencia, y valga la redundancia la
competencia es una motivación de este tipo. Pero es poco útil en el proceso de
entrenamiento o en el acondicionamiento físico normal de la persona vulgar,
esto se debe a que además de dependencia genera acostumbramiento; y ocurre que
cuando la motivación está controlada por la dependencia de un tercero y
estamos acostumbrados a esto, cuando el tercero no está o está generando estímulos
equivocados, el impulso a la acción (motivación) sufre un retorno en disminución
al punto cero, esto quiere decir que el interés hacia la actividad física se
va perdiendo paulatinamente, y esta con el tiempo se abandona; enfermedad que
sufre en sus distintas etapas gran cantidad de la población deportiva, como así
también la gente común que hace actividad física con fines de preservación
de la salud o simplemente por razones estéticas.
La
motivación interna: es la que nace en nuestro
interior como su nombre lo indica, pero para una mejor comprensión la
dividiremos en simple y compuesta. La simple es aquella que nos
lleva a la acción sin saber cual es el motivo, lo hacemos porque nos gusta o
simplemente porque “hay que hacerlo”, seguramente
respondiendo a algún tipo de programación interna que llevamos codificada
dentro de nuestro cerebro, el ejemplo mas claro es el niño que se pasa horas
jugando solo con un simple y elemental juguete, su creatividad e imaginación lo
convertirán en el más sofisticado elemento, o en el compañero mas entretenido
que se pueda tener. La motivación interna compuesta es básicamente similar a
la anterior pero condimentada con elementos educacionales, sociales y
culturales; es decir que con dichos elementos estamos dándole sustento y
fundamento al “impulso a la acción” que denominamos motivación,
hacia aquí es donde se debe apuntar, la actividad física debe surgir como
necesidad desde nuestro interior por la concientización de las
acciones deportivas, el convencimiento autoeducativo, y la interiorización
del movimiento como un sustrato mas en nuestra vida cotidiana. Como se dijo al
principio, la mente consciente necesita una excusa para movilizar al cuerpo
hacia la acción sistemática y generalmente rutinaria que demanda la actividad
física (sobre todo la que conlleva un efecto entrenamiento incorporado), es un
error que dicha excusa esté depositada en un tercero, sería algo así
como “vaciarse en un molde ajeno”, o que la nafta de nuestro motor provenga
del tanque de otro vehículo. El movimiento se debe vivenciar con “todas
las luces encendidas en el momento de la acción”(concientización),
debemos convencernos de los beneficios que esta acción nos está reportando con
fundamento de causas y efectos (convencimiento) y de esta manera se debe
incorporar a nuestro cotidiano transito por la vida (interiorización) como lo
es el trabajo, el descanso, las necesidades fisiológicas, etc. Es un axioma que
el ser humano es una unidad somato-psíquica, y como tal, para que se desarrolle
con salud, sus dos componentes (cuerpo y mente) deben crecer parejas porque
cualquier desequilibrio en una de ellas es enfermedad o anormalidad, muchas
veces damos prioridad al desarrollo intelectual y éste al incrementarse
solicita una compensación en el orden físico, pero como ésta implica
sacrificios enseguida encontramos la excusa para no desarrollarla y esta mala
interpretación de los impulsos termina desembocando en algún vicio como válvula
de escape. De la misma manera ocurre a la inversa, cuando el incremento en lo físico/
corporal no se compensa con un desarrollo en el área cognitiva y mas
precisamente en la abstracción del conocimiento se termina creyendo que lo único
que importa es el desarrollo físico/corporal y consecuentemente también se cae
en vicios relacionados.
Es
importante saber además que no cualquier trabajo o tarea cotidiana que se hace
utilizando el cuerpo como herramienta (ama de casa, albañil, leñador, herrero,
etc.) tiene efecto entrenamiento, por lo tanto no se puede contar como actividad
física con beneficios para la salud, como lo es la actividad que se hace sistemáticamente
progresiva, que sí genera una restitución ampliada de material gastado como se
explica al principio. Para terminar me gustaría recalcar dos conceptos, uno que
la actividad física debe tener un mínimo de tres estímulos semanales y los
objetivos se “deben madurar con el tiempo”, el otro concepto es que
si realizamos ejercicios con fines estéticos, que el fundamento sea la salud a
largo plazo, para no caer en ayudas nocivas que lo único que hacen es reducir
los tiempos a costa de un alto precio, puesto que está de moda lucir bien en la
playa este verano,
“la moda es el sistema de los que carecen de ideas
propias”.
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