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SISTEMA
NERVIOSO.
El sofisticado edificio del cuerpo humano no seria mas
que un fardo amorfo de órganos, huesos y músculos si el sistema nervioso no le
prestara la chispa que lo tensa. Los nervios nos ordenan que músculos han de
estar relajados o contraídos, avisan de los olores, ruidos e impresiones que
estamos percibiendo; desencadenan el llanto el estornudo o el bostezo. Como un
autentico sistema telegráfico, los nervios pasan los informes del mundo
exterior, o del interior del cuerpo, hasta la médula espinal y el cerebro,
donde este perfecto conmutador se ocupa de emitir ordenes que los mismos nervios
se encargaran de transmitir de vuelta y ejecutar.
Los mensajes van y vienen por esa especie de red electrificada que son
las fibras nerviosas.
Ramón y Cajal desenmascaró las neuronas, las células
que componen el sistema nervioso, que son las de mayor tamaño del cuerpo humano
y ostentan formas muy diferentes. Las mas largas llegan desde la punta del pie
al cerebro, y esa longitud requiere que utilicen otras células de soporte para
sobrevivir.
Por otra parte, las neuronas son tan especializadas que
no se pueden reproducir por si mismas. La mayor parte de ellas, en numero de
10.000 A 20.000 Millones, están en el cerebro. Del sistema nervioso central
(cerebro y médula espinal) parten numerosas fibras; otras llegan a él. Las
fibras son haces mas o menos compactos que se entrecruzan y se mantienen juntos
por un tejido conjuntivo. Una variedad de estas fibras, las sensitivas, son las
llamadas aferentes, encargadas de llevar los estímulos hasta el cerebro y la médula;
otras son las motoras o eferentes, que envían las ordenes a los músculos para
la correspondiente respuesta.
Las células nerviosas que regulan la actividad de las
fibras sensitivas están en la parte exterior de la médula espinal; las células
matrices de los nervios motores están dentro de la sustancia cerebral y de la médula.
Las sensibles neuronas tienen terminaciones de finísimos
latiguillos que, como las ramas de los árboles, se desarrollan en distintas
direcciones. Al final de algunas de estas ramificaciones se encuentran pequeños
mecanismos sensibles, los receptores, cada uno de los cuales suele estar
especializado en una sola sensación: luz, dolor, frío, presión, dilación,
etc. Los receptores del dolor solo reaccionan ante fuertes estímulos. Nuestra
sensibilidad es mayor en la lengua y en la yema de los dedos que en otras partes
del cuerpo menos decisivas. Por ejemplo: siempre es una experiencia sorprendente
hacer que otro adivine con cuantos dedos le estamos tocando la espalda; incluso
con el torso desnudo no se suele acertar el numero exacto, a menos que se deje
una distancia mínima de 5 a 6 cm. Esto no se debe a que los receptores de la
espalda sean menos sensibles que los de las yemas de los dedos, sino a que
aquellos están menos ramificados. Además el cerebro concede mayor importancia
a unos receptores que a otros.
Así como la telegrafía necesita de una corriente eléctrica
exterior que le ponga en funcionamiento, el sistema nervioso origina por si
mismo esa corriente. Las neuronas, como todos los tejidos animales y vegetales,
contienen liquido dentro y fuera de ellas. Ambos líquidos el intracelular y el
extracelular, separados por una membrana de grasas y proteínas, tienen
diferentes concentraciones de iones, lo que origina el llamado potencial de
membrana.
El liquido intracelular tiene una alta concentración de
iones de potasio, partículas cargadas eléctricamente, y una baja concentración
de iones de sodio. En el liquido extracelular las concentraciones son opuestas.
En situación de reposo el potencial de membrana permanece fijo a unos setenta
minivoltios y se dice que la membrana esta polarizada; el interior tiene carga
negativa y el exterior positiva.
Cuando el nervio conduce un impulso captado por los
receptores, la membrana de la neurona cambia momentáneamente sus propiedades en
una determinada zona, comportandose como si la hubieran perforado. Los dos líquidos
la atraviesan y los movimientos de los iones alteran el potencial de la
membrana: el interior de la célula se carga positivamente y el exterior
negativamente, produciéndose una inversión de potencial de la membrana. Cuando
esto ocurre se establece una corriente eléctrica entre la zona afectada de la célula
y las zonas inmediatas propagándose velozmente. La fuerza de los impulsos es
siempre la misma; entonces: ¿cómo interpreta el cerebro cada mensaje?, Cómo
sabe si debe responder con una reacción suave o violenta?. Lo conoce por la
velocidad de los impulsos. Según sus necesidades, las células pueden llegar a
transmitir hasta a una velocidad de trescientos kilómetros por hora, como
ocurre cuando nos picamos un dedo. La velocidad depende del grosor de las
fibras; cuanto más gruesas mas rápidamente efectúan la transmisión. Existen
notables diferencias de espesor; las finas terminaciones nerviosas, por ejemplo,
suelen tener entre una y quince millonésimas de milímetro (la décima parte
del grosor de un cabello). Si consideramos que las vías del cuerpo son
relativamente cortas, nos daremos cuenta que estas elevadas velocidades hacen
que sintamos la quemadura o el pinchazo inmediatamente.
La médula centro de operaciones:
Supongamos ahora que por descuido nos pinchamos con una
espina el pie. Enseguida lo retiramos por el dolor. El pinchazo ya ha sido
recibido por un receptor de dolor de la superficie cutánea e inmediatamente se
ha convertido en impulso. Los impulsos van desde el receptor, a través de
largas terminaciones de células, hasta su centro, el ganglio espinal, al lado
de la columna vertebral; de allí prosigue a la médula. Las células nerviosas
se extienden desde la punta de los dedos hasta la columna vertebral. Cuando el
impulso llega a la médula espinal, esta reacciona con un reflejo que ordena la
retirada del dedo. La respuesta refleja no sigue el mismo camino que el impulso
nervioso, pues las fibras nerviosas suelen ser de una sola dirección. El
cerebro aun no ha recibido la sensación de dolor cuando el acto reflejo se ha
producido. Hará falta una fracción de segundo para que la médula le informe y
el llegue a la reflexión: "me duele, luego, he debido pincharme". El
cerebro reconoce la sensación gracias a su memoria almacenada por
acontecimientos y sensaciones anteriores. Los reflejos son mas rápidos, vitales
y primitivos que la reflexión, y en los animales terrestres juegan un papel;
importantísimo. Cuando tragamos saliva, cerramos un ojo para evitar que nos
entre una brizna o estornudamos, porque se han irritado los receptores de la
nariz, estamos actuando por reflejos. Quizá muchas de las cosas que hacemos
sean una desconocida reacción ante estímulos externos. Sin saberlo, tenemos
frecuentes reflejos inconscientes; la sed y el hambre, la alegría y la tristeza
no sufren ningún proceso de control.
Naturalmente, también realizamos actos voluntarios:
tomar un libro de la mesa y leerlo no será normalmente un reflejo. Sin embargo,
sabemos por que 3 repente sentimos tantos deseos de leer?. El grito de dolor y
la retirada refleja del dedo responden a procesos totalmente distintos; el
primero se reconoce y provoca en el cerebro, el otro proviene de la médula.
Esto es evidente, también en el caso de las parálisis transversales. En ellas
el enlace entre el cerebro y las piernas esta cortado. Si la médula se halla
intacta hasta determinada altura, las piernas reaccionaran a estímulos con
movimientos reflejos, pero el individuo no sentirá nada. Los peces tampoco
sienten el dolor, ni siquiera cuando se clavan el anzuelo, puesto que no tienen
el cerebro indispensable para ello.
A lo largo de la evolución el tamaño del cerebro se ha
ido desarrollando muchísimo. En los dinosaurios la médula era diez veces más
voluminosa que su reducido cerebro, mientras que la médula del hombre no era
mayor que el apéndice intestinal del dinosaurio. A la médula se le ha atribuido muchas legendarias funciones,
si bien es verdad que es insustituible como centro de operaciones y conductor de
reflejos. Una gallina decapitada puede correr y aletear durante unos instantes,
cosa que no ocurrió en el curioso caso del pirata Storbeker. A quien se le dio
la oportunidad de salvar a su compañero si lograba salir corriendo sin cabeza y
librar al otro de la muerte; por supuesto ambos fueron decapitados.
Uno de los mecanismos más curiosos de nuestro sistema nervioso es la sinápsis.
Se llaman así las distancias intercelulares que separan las terminaciones de
las neuronas.
Si todas las neuronas del cuerpo se pusieran a funcionar
al unísono producirían muchos miles de vatios, lo que seria mortal para el
hombre, que agotaría inmediatamente las reservas de su organismo.
Sin embargo, cuando la corriente tiene que pasar de una célula
a otra se derrama una sustancia química que pasa desde una terminación de la célula
a otra, cruzando esta sinápsis. No hay que olvidar esa otra red nerviosa que
actúa de forma silenciosa: el sistema autónomo o vegetativo, que se ocupa de
controlar la respiración la respiración, la circulación, el ritmo cardíaco.
Esa red vegetativa es un sistema mas lento, acuñado a lo largo de la historia,
que se compone de dos adversarios: el sistema simpático y el parasimpático. El
primero se encarga de la secreción de adrenalina, de aumentar la presión sanguínea
y de otros condicionamientos que nos disponen para la acción, la lucha con un
animal en tiempos primitivos o el ritmo frenético de nuestros días.
El parasimpático nos relaja, nos dispone para lo contrario. Es, en
conjunto, un programa milenario que llevamos incorporado sin que el hombre haya
sabido superarlo.
Vimos que la rapidez con que reaccionamos ante un
estimulo depende del grosor y complejidad de las fibras. Sin embargo, esa
velocidad no es inamovible para cada individuo. Solamente en parte es una cuestión
innata; el cerebro, como los músculos, se atrofia por falta de ejercicio. El
tiempo de reacción en los conductores suele ser de 0.3 A 0.9 Segundos, según
su experiencia. Respuestas excepcionales de 0.14 A 0.18 Segundos son los
records, en poderes de jugadores ingleses de squash, juego que requiere de gran
habilidad. Por otra parte existe un factor adverso: la edad.
A partir de los 35 años, 100.000 células cerebrales mueren cada día.
Nuestro cerebro puede permitírselo al contar con tantos millones de neuronas y
mas sinápsis que átomos se estiman en el universo. Pero esa perdida esta lejos
de ser despreciable, y a su vez ocasiona la atrofia de algunos canales
nerviosos. Las transmisiones, en consecuencia, se hacen más lentas, no porque
se haya reducido la red, sino porque se ha ido adelgazando. El ordenador de
nuestro cuerpo ha degenerado y toda la red de transmisión acusa la atonía. La
imagen del anciano se ha convertido en la película en cámara lenta de su
dinamismo juvenil.
Los receptores que provocan
dolor:
Entre los diminutos receptores que se encuentran debajo
de nuestra piel se encuentran los corpúsculos de Messner y Paccini. Ellos
provocan las sensaciones de presión y aguijoneo y nos permiten dosificar (con
exacta precisión) la fuerza con la cual podemos manipular un objeto fácil sin
llegar a romperlo. El dolor proviene de una exigencia intensa de estos
receptores, y si son estimulados en un mínimo grado pueden provocar placer.
Ante una agresión muy violenta se involucra el resto de los receptores que están
a un nivel mas profundo bajo la piel. Se denominan terminaciones libres, y de
aquí parten los mensajes que convergen hacia el cerebro para desencadenar la
percepción del dolor. Luego acuden los reflejos y las reacciones de defensa.
Los corpúsculos de Messner miden entre cuarenta y
doscientas milésimas de milímetro. Están ubicados en la dermis. El corpúsculo
de Paccini mide dos milímetros. Son sensibles a la variación de presión y
también están en la dermis. Registran dolor y placer.
Una vez sensibilizados los receptores ubicados en la piel, el influjo
provocado por esa sensación pasara por la red de transmisión de los nervios.
Cada nervio esta compuesto por innumerables haces de fibras nerviosas que actúan
como vehículos de información en un solo sentido. El mensaje emitido por los
receptores se dirige hacia la médula espinal. Pero también otras terminaciones
libres más profundas, que puedan pertenecer al mismo nervio, llevaran el
mensaje, provocadas por esta recepción. Así entonces (como un reflejo motor)
se apartara la mano que recibió un golpe de calor muy fuerte al acercarla al
fuego. Por lo tanto el dolor ha jugado su rol de prevención. Las fibras del
dolor (a diferencia de las fibras nerviosas que transmiten el mensaje motor)
tienen menos estrangulamientos y están revestidas en menor cantidad de una
sustancia denominada mielina. Las fibras nerviosas tienen estrangulamientos
distribuidos regularmente, que aceleran el mensaje. Las neuronas de la médula
espinal transmiten el mensaje doloroso provenientes de las fibras nerviosas. Son
los transmisores que permiten la continuación del mensaje desde la periferia
hasta el cerebro. Este sistema se asemeja al de los postes y los hilos telegráficos:
comunican información; sin embargo ellos no son sensibles. Estas células
nerviosas medulares se comunican entre ellas y todas aportan las estimulaciones
recibidas por el cuerpo. Por la
irritación de un solo bulbo piloso existen tres retransmisores nerviosos: la
primera neurona esta ubicada en el ganglio raquídeo, la segunda en la cornea
posterior (parte dorsal de la médula) y la tercera en el tálamo.
Gracias al cerebro, el dolor (simple percepción) se
transforma en una sensación que puede terminar en sufrimiento. Este se expresa
con irritabilidad o cólera. Numerosas estructuras participan en la elaboración
de este complejo sentimiento. Así, a nivel del tálamo (ubicado en la base del
cerebro y ultimo retransmisor antes de la llegada del mensaje a la corteza
sensitiva) existe una representación de todo nuestro cuerpo. Desde allí la
localización inmediata del punto doloroso y la toma de conciencia es
simultanea. Puede explicarse que en
el instante en que se siente un daño en un dedo que fue apretado por una puerta
se lo retira inmediatamente (gracias a un reflejo defensivo) y al mismo tiempo
se gesticula emitiendo un grito de dolor. La comunicación entre las células
nerviosas cuenta con la ayuda de sustancias denominadas neurotransmisores que se
evidencian al microscopio por métodos de coloración radioisotopicas.
Química neuromuscular:
El rendimiento de la fuerza se determina no solo por el
tamaño de los músculos implicados sino también por la capacidad del sistema
nervioso para activar esos músculos. Los músculos básicamente responsables de
la máxima producción de fuerza en la dirección pretendida del movimiento,
llamados agonístas, deben activarse totalmente. Para que un músculo agonista
produzca su máxima fuerza posible, hay que reclutar y activar todas las
unidades motoras del músculo. Pero el máximo rendimiento en fuerza requiere más
que el reclutamiento de todas las unidades motoras, puede hacer que esa unidad
funcione a frecuencias distintas. La velocidad de frecuencia se refiere al número
de impulsos nerviosos por segundo recibidos por las fibras musculares de una
unidad motora del nervio que las enerva. Por lo tanto, un cambio en la tasa de
enervación produce una variación notable en el rendimiento de la fuerza de la
unidad motora; un incremento en frecuencia causa un aumento en la fuerza. Un
sistema nervioso con una frecuencia eficiente "encendido" unida a una
sobrecarga que recluta el mayor número de unidades motoras producirá un grado
mayor de fuerza muscular. Este estímulo a lo largo del tiempo causará la
adaptación necesaria para producir la hipertrofia muscular. Se sabe que la eficiencia del sistema nervioso es básica en la fuerza
que sus músculos pueden aplicar. Dentro de ciertos límites, una persona con músculos
más reducidos pero mejor sistema nervioso puede ser más fuerte que la persona
con atributos opuestos. También se sabe que una persona normal no puede ejercer
voluntariamente toda la fuerza potencial de sus músculos. Por lo tanto, un
sistema neuromuscular más eficiente resultaría en que los músculos engendrarían
más fuerza de la que están acostumbrados.
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