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INTERCAMBIO
VITAL.
Detrás de la palabra metabolismo se esconde la suma de
todas las actividades químicas de las células del organismo.
Para que puedan llevarse a cabo, las células deben ser
alimentadas constantemente por energía, que es liberada por el trabajo mecánico
de los músculos.
Combustible básico:
Todos los alimentos que el ser humano consume son
procesados por el aparato digestivo, absorbidos por la corriente sanguínea y
distribuidos por ella en todo el cuerpo.
El hígado transforma en glucosa a una parte de estos
alimentos, los carbohidratos. Luego devuelve la glucosa a la sangre, desde donde
penetra en las células. Allí es almacenada y alterada químicamente para
entrar en una serie de reacciones que se podrían calificar como la base de la
subsistencia del organismo.
Pero he aquí uno de los aspectos más interesantes del
sistema metabólico: el organismo podría utilizar otras fuentes de energía
cuando la glucosa almacenada no fuera suficiente. Puede utilizar las grasas -el
efecto buscado por las dietas- "quemándolas" y produciendo cetonas,
pequeños componentes químicos que las células desechan por no poder asimilar.
Así, cuando el cuerpo quema grasas, multiplica la producción de cetonas.
Otra forma de proveerse de energía del organismo es
obtenerla de las proteínas. Pero este proceso puede desembocar en peligrosas
consecuencias.
El oxígeno que se absorbe a través de los pulmones es
otro de los elementos fundamentales en la producción de energía. A veces, el
intercambio metabólico se hace sin el oxígeno suficiente, por agotamiento de
las células. Pero esta eventualidad no puede extenderse por demasiado tiempo. A
escala muscular, la actividad anaeróbica aumenta la producción de ácido láctico,
llevando a la fatiga que pronto determina la interrupción del trabajo físico.
Almacenando la energía:
El exceso en la ingestión de calorías se traduce en la
acumulación de grasa. Los alimentos extra que no son "quemados" por
la actividad orgánica se convierten en grasa y se depositan en las células,
debajo de la piel y en el abdomen.
Una pequeña cantidad de carbohidratos -el glucógeno-
también se almacena en el hígado y los músculos, pero siempre es muy inferior
a las grasas. Para tener una idea clara, una persona de 70 kg de peso podrá
almacenar solamente uno de glucógeno, mientras que no seria extraño que
hubiera almacenado hasta 12 kg de grasa. Un obeso puede tener la misma cantidad
de glucógeno y mucha mas grasa.
El glucógeno es una sustancia compuesta por una gran
cantidad de moléculas de glucosa juntas que rápidamente serán transformadas
en energía, si el organismo lo requiere. Por esta razón -para satisfacer las
grandes demandas energéticas- muchos atletas procuran consumirlo antes de las
competencias. Durante dos o tres días reducen el consumo de carbohidratos, para
después consumir grandes cantidades de alimentos que los contengan, la noche
anterior a la prueba.
Así aumentan el deposito de esta sustancia y ayudan a
retardar el efecto de la fatiga. La capacidad de almacenaje depende de cada
organismo en particular. Ciertas personas "queman" las grasas mas rápidamente
que otras.
El porcentaje de transformación de alimentos en energía
es conocido como metabolismo basal. En condiciones de reposo esta relación
varia según la edad, el sexo y la contextura física: tiende a ser menor en las
mujeres, disminuye drásticamente con la edad y aumenta con la practica de
ejercicios físicos.
Las más recientes investigaciones apuntalan la idea de
que la actividad aeróbica regular provoca un permanente descenso del nivel de
peso medio. Es decir: el efecto del ejercicio seria el de "persuadir"
al metabolismo de ajustarse al equilibrio metabólico.
De esta manera se comprende claramente por que la
combinación de ejercicio y dieta racional es el método más efectivo para el
descenso y el control de peso.
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