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METABOLISMO
DE LAS PROTEÍNAS.
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La conclusión es que si para todo individuo la proteína
constituye un nutriente indispensable por sus funciones de regeneración
tisular, compensando las células destruidas con la actividad metabólica
normal, para el atleta, por la creación de nuevos tejidos musculares por el
ejercicio físico, es imprescindible consumir una ración extra, siendo una
cifra aconsejable la de 1,5 a 2 gramos por kilogramo de peso corporal por día;
es decir, un atleta de 80 kilos debe ingerir diariamente un promedio de 120 a
160 gramos de proteína, y esta cantidad puede incrementarse en períodos de
competición para atletas de fuerza a tres gramos por kilogramo por día.
Para poder ingerir estas cantidades de protidos resulta
muy conveniente que parte de ellos procedan de productos aislados y no todos de
los alimentos, puesto que las cantidades de estos a ingerir serían altas y de
difícil digestión.
Otro factor muy importante a tener en cuenta es que el máximo
de proteínas asimilables en una sola comida no es superior a los 40 o 50
gramos, por lo que toda cantidad superior a esta que se ingiera en una sola toma
no será aprovechada, por otro lado, también hemos de tener en cuenta que la
proteína una vez digerida e hidrolizada es absorbida a nivel intestinal en
forma de aminoácidos, que pasan a sangre circulante, y a partir de esta nutren
las células de los distintos tejidos, entre ellos el tejido muscular. Mientras
haya aminoácidos en sangre circulante, los tejidos se nutrirán y regeneraran
en forma óptima, cosa que no ocurrirá cuando el nivel de aminoácidos baja;
esto ocurre aproximadamente a las cuatro horas de haber ingerido los alimentos,
y a partir de este momento los aminoácidos que no han sido asimilados se van
eliminando o deteriorando y es necesario hacer una nueva ingestión de alimentos
proteicos para que el nivel vuelva a subir. Los dos factores anteriormente
expuestos (capacidad de asimilación en un solo proceso digestivo y nivel óptimo
de aminoácidos en sangre circulante) nos permite establecer unas normas básicas:
la ingestión de proteínas debe ser repartida uniformemente en las distintas
comidas del día, debiendo ser estas por lo menos cuatro, aunque alguna de ellas
consista solo en un batido de algún producto proteico, en agua, leche u otro
liquido.
Como resumen a todo lo expuesto, podemos establecer las
siguientes conclusiones:
1º_ El atleta debe ingerir diariamente 1,5 a 2 gramos de
proteína por kilogramo de peso
corporal.
2º_ Del total de proteínas a ingerir, un máximo de 100
a 120 gs procederán de los alimentos convencionales, el
resto, por motivos
digestivos y de asimilación, procederán de productos complementarios.
3º_ El máximo de proteínas a ingerir en una sola
comida no debe sobrepasar los 60 gs. Siendo la cifra ideal la de
35 a 40 gramos.
4º_ Para mantener un óptimo nivel de aminoácidos en
sangre circulante y, por tanto, una mejor nutrición del tejido muscular, es
imprescindible ingerir cierta cantidad de proteína cada cuatro horas.
El metabolismo de las proteínas es debido al ataque de
las mismas por las proteasas, desdoblandolas nuevamente en aminoácidos, que por
oxidación dan como productos finales de deshecho CO2, H2O y amoníaco (NH3),
este no es tolerado por la sangre, por lo que se transforma en carbonato
amonico, que en el hígado es transformado en urea, que se expulsa por la orina.
Cuando el riñón no filtra toda la orina formada, esta se acumula en sangre,
dando lugar al temido estado uremico. Sobre
el metabolismo de los nucleoproteidos, formados por la unión de una proteína y
un ácido nucleico, diremos, en síntesis, que mediante acciones metabólicas
complejas llegan a convertirse en ácido urico, que se expulsa por la orina,
provocando, cuando se acumula en sangre, la uricemia y el artritismo.
Cuando el organismo recibe demasiadas proteínas o aminoácidos
en forma libre, no es capaz de asimilarlas; en este caso además se inhibe el
almacenamiento de glucógeno, que es el combustible de la actividad muscular.
Por su parte, los carbohidratos se convierten en glucógeno rápido y fácilmente,
por lo que una dieta con alto porcentaje de aminoácidos (en forma de proteínas)
y bajo contenido de H.G. No contribuirá con el almacenamiento de glucógeno.
Esto quiere decir que las posibilidades de aumento de la resistencia y el
volumen con el consecuente incremento de la potencia disminuyen.
El bloqueo del ciclo de urea en el hígado es otro de los
problemas que las proteínas animales en exceso acarrearan al organismo cuando
los aminoácidos son procesados. El hígado elimina urea no tóxica
(urea-ornitina) que después es filtrada y eliminada por los riñones.
Es muy frecuente que los que consumen mucha carne sufran
los síntomas característicos de un aumento de amoníaco que se traduce en
jaquecas, irritabilidad, mala concentración, nauseas, diarrea, confusión, etc.
En los atletas puede ser problematico, ya que un aumento inconveniente del nivel
de urea por un exceso de proteínas previo a la competencia le puede acarrear
fatiga muscular por intoxicación uremica a nivel sistema nervioso y
consecuentemente muscular.
En algunos casos esto se podrá corregir con suplementación
de manganeso, magnesio o arginina, útiles para activar el ciclo de la urea;
también ciertos ácidos como el cítrico y el aspartico suelen utilizarse para
detoxificar el amoníaco y generar energía celular.
También en estos casos debe cuidarse el equilibrio,
puesto que un
exceso de estos suplementos puede generar tal aumento de
la energía que lleva a irritar el sistema nervioso y el individuo se torna
hiperactivo. La carnitina es otro aminoácido importante, que ayuda a los músculos
a utilizar la grasa como fuente de energía. El cuerpo la elabora a partir de la
lisina y la vitamina C, y su deficiencia se manifiesta con debilidad muscular,
fatiga precoz, deseos de comer carnes rojas, altos índices de grasa en sangre e
imposibilidad de bajar de peso. Otra posibilidad de caer en desequilibrio se
encuentra en el alto consumo de arginina, ya que esta a su vez consume demasiada
lisina, provocando así un déficit relativo de carnitina.
Debilidad muscular y fatiga son también indicadores de
que este fenómeno puede estar ocurriendo.
Los análisis de aminoácidos pueden evitar todos estos
desequilibrios y delatar desordenes potenciales en los tejidos, alteraciones que
podrán afectar la actividad y estabilidad de articulaciones, ligamentos
espinales, discos intervertebrales, y consecuentemente el pinzamiento de nervios
derivando de esta manera en neuritis, neuralgias, etc.
También por medio de los aminogramas se pueden descubrir
perdidas de hidroxiprolina e hidroxilina, dos aminoácidos fundamentales en la
composición de los ligamentos y tendones; cuando esto se detecta a tiempo se
tomaran las medidas necesarias para evitar lesiones ya que el margen de riesgo
es mayor.
Todo esto nos da la pauta que para planificar una
suplementación alimenticia para un deporte definido, individuo determinado y
tipo de entrenamiento especifico, es necesario efectuar aminogramas en forma
constante, para de esta manera ir detectando las variantes metabólicas que se
producen en el organismo de un individuo en particular que es distinta a las
variantes que el mismo estimulo produce en otro individuo.
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